Fotografía: Carolina Carrasco

Vicente del Bosque

Seleccionador de España, 2008-2016

Desde el entorno más próximo me decían que era el peor momento para hacerme con la Selección.

Yo pensé todo lo contrario.

España tenía un estilo definido, un buen grupo de jugadores y una estructura importante en el fútbol base. Estábamos en una inercia positiva y acabábamos de coronarnos campeones de Europa.

No sentí mucha responsabilidad recibiendo esa herencia. Era un momento clave para que el fútbol español siguiese mandando.

David Ramos/Getty Images

Muy poco tiempo antes de la Eurocopa me llegó la posibilidad de entrenar a la selección y de relevar a Luis Aragonés.

Seguí toda la Eurocopa en casa, solo y en silencio. Yo tenía mi visión del fútbol español y un sentimiento de favorecer al fútbol. Durante el torneo fui haciendo mis planteamientos, pensando en qué se necesitaba y qué necesitaba de mí la Selección Española.

Recuerdo el jaleo que produjo el gol de Fernando Torres en la final de la Eurocopa y la posterior celebración de un éxito extraordinario.

Qué mejor que el puesto de seleccionador nacional para tratar de hacer real ese sentimiento de favorecer al fútbol. Era el mejor momento para ello.

“No íbamos a quitar nada de lo que Luis había hecho. Íbamos a intentar añadir algo”

Luis y yo éramos de generaciones distintas, él era algo mayor que yo, pero entre nosotros siempre hubo mutuo respeto y así lo hice ver, incluso a los propios jugadores. Ese respeto era importante porque así los jugadores veían que no íbamos a quitar nada de lo que Luis había hecho. Íbamos a intentar añadir algo.

El equipo que heredamos tenía buenas costumbres. No quisimos borrar ninguna huella del pasado y nos mantuvimos fieles al estilo que había llevado la Selección. Veníamos con la idea de potenciar aquello que había funcionado. Fuimos comedidos en todo, avanzando y construyendo otro nuevo grupo.

Fuimos introduciendo sangre nueva en el grupo. El cambio es necesario porque desde el inmovilismo es difícil progresar. Hubo un relevo y llegaron jugadores como Gerard Piqué, Sergio Busquets y Juan Mata para aportar una mayor calidad a la plantilla.

Lo duro es dejar en el camino a algunos de los jugadores que habían sido vitales en la consecución de la Eurocopa del 2008.

El ejemplo más didáctico de todos es el de Marcos Senna (abajo).

Senna estuvo con nosotros en 2008 y 2009, pero al Mundial ya no vino porque creíamos que Sergio Busquets, una aparición buenísima para el fútbol español, era mejor que él.

Todo esto reconociendo el enorme talento de Senna, quien seguramente fue el mejor jugador de la Eurocopa 2008.

Pierre-Philippe Marcou/AFP/Getty Images

De cara al Mundial, claro que me daba un poco de miedo ese favoritismo con el que llegamos.

El fútbol español estaba pasando por un buen momento, pero ese favoritismo puede malinterpretarse. Hat muy pocas diferencias entre las grandes selecciones, y entre el éxito y el fracaso hay una línea muy fina.

De hecho, lo más normal es que se termine fracasando.

Y, entonces, perdimos nuestro primer partido.

“Les dije a los jugadores que, si ganábamos los siguientes seis partidos, seríamos campeones. No parecía tan difícil. Solo era seis partidos”

En las horas posteriores a la derrota por 1-0 ante Suiza algunos jugadores me dijeron: “Entrenador, creo que hemos jugado bastante bien”. Y es verdad que eso fue así. Viendo el partido repetido observé que no jugamos mal y pensé: “¿Por qué no vamos a seguir insistiendo?”. No podía dar bandazos y ponerme nervioso.

El entrenador tiene que ser coherente con su propio discurso. La solución estaba en lo que habíamos hecho con anterioridad. Les dije a los jugadores que si ganábamos los seis próximos partidos seríamos campeones del mundo. No parecía un reto tan difícil, eran sólo seis partidos.

La acidez de las críticas estuvo dirigida hacia el partido que hizo Sergio Busquets ante Suiza, pero le respaldamos porque teníamos muchísima confianza en él.

Él y Xabi Alonso fueron la base para el resto del equipo. Lo hacían todo: iniciaban el juego, construían en el medio del campo e incluso llegaban adelante. Alrededor de ellos construimos un equipo bueno.

No podemos olvidar a Andrés Iniesta, Xavi Hernández, David Villa, Fernando Torres… Pero sí es cierto que la base formada por Busquets y Alonso era importante para el resto del equipo.

Pedro Ugarte/AFP/Getty Images

En los jugadores anidaba un espíritu y un optimismo no vacío, lleno de contenido, de que podíamos ser campeones del mundo.

Seguimos igual, no cambiamos el plan de juego. El único jugador sobre el que pusimos un énfasis especial fue Philipp Lahm, fundamental para el juego ofensivo de su equipo, en las semifinales contra Alemania.

No pusimos un jugador que marcase y controlase las acciones ofensivas de Lahm, sino que a Lahm le cargamos con un hombre que tenía profundidad y del que había que estar pendiente: Pedro. La frescura de Pedro le vino bien al equipo. Ganamos 1-0.

Estábamos en un momento histórico para nuestro país y nuestros jugadores. Lo tomamos con la seriedad debida, pero también desdramatizando lo que podía significar una final de un Mundial. Nosotros no éramos nada más que jugadores de fútbol queriendo ser los mejores en nuestra especialidad. Estábamos a punto de poder serlo cuando tantas generaciones en el pasado no habían podido disfrutar de este encuentro.

“Recalcamos a los jugadores que no éramos soldados. Era la final del Mundial. Estaban ante la oportunidad de sus vidas y tenían que disfrutar de su profesión”

El día de la final me levanté como siempre, con la idea de preparar el partido. La cuestión emocional estaba saldada porque era imposible meterle mayor emotividad al grupo. Era una final del Mundial.  

Recalcamos a los jugadores que no éramos soldados. Éramos jugadores de fútbol queriendo disfrutar de nuestra profesión. Muchos chavales en España estarían deseando estar en su lugar.

Dentro de su juventud, todos los jugadores eran gente madura. Por ejemplo, en ese grupo, Cesc Fábregas había sido capitán del Arsenal jovencísimo. Todos tenían su carrera y su currículum detrás. Eso nos daba una gran confianza.

Holanda era un equipo lleno de jugadores curtidos y experimentados. Era su tercera final de un Mundial y no habían ganado las dos anteriores. Para un país pequeño pero que ha significado tanto para el fútbol mundial era un reto extraordinario. Me quedo con la Holanda del fútbol técnico y del estilo.

Jamie McDonald/Getty Images

Yo soy contrario a hablar del árbitro o a buscar soluciones que no estén en nuestra mano. Nos centramos en lo que estábamos haciendo bien, en lo que teníamos por delante y en nuestras preocupaciones, como la velocidad de Arjen Robben o el juego desde atrás de Wesley Sneijder. Nos centramos en el potencial de Holanda y no entramos en el asunto del árbitro.

Cuando el partido fue a la prórroga visualicé que podíamos ganarlo.

Por la banda derecha teníamos la baza de la velocidad de Jesús Navas. Su entrada nos podía permitir ir contra Gio van Bronckhorst, un gran futbolista que estaba jugando su último partido y que ya llevaba 90 minutos encima. Pusimos el acento en esa banda derecha.

Cuando marcó Iniesta pensé que estábamos a punto de conseguirlo. Y el primero que se me vino a la cabeza fue Slaven Bilic.

En una conferencia de todos los entrenadores presentes en la Eurocopa de 2008, Bilic declaró que en los cuartos de final entre Croacia y Turquía había gastado demasiada energía celebrando un gol de los suyos en vez de haberla invertido en asegurarse de que no sucediese nada más en lo que restaba de partido.

Al poco de marcar Croacia, Turquía sacó de centro, mandó un balón al borde del área, hubo un rechace y un jugador turco la metió por toda la escuadra sin tiempo para reaccionar. Al final, terminaron eliminando a Croacia.

La anécdota de Bilic fue un ejemplo muy positivo para mí. Quedaban cuatro minutos por delante y teníamos que ser un poco cautos con las celebraciones y con lo que pudiera pasar en esos minutos restantes. Eran sólo cuatro minutos y teníamos un jugador más, pero teníamos que estar muy concentrados para que no hubiera ningún sobresalto.

Así lo hicimos.

Michael Steele/Getty Images

No sé si aquella noche dormimos mucho. Yo creo que más bien poco. Seguramente no nos dábamos cuenta de la repercusión que había tenido en España ganar el Mundial. Poco a poco nos fuimos dando cuenta de que había sido un hecho fantástico para nuestro país.

Yo creo que lo celebré con todos. No soy excesivo en nada.

Moderación en la victoria y no dramatizar demasiado en las derrotas.

Pasan los años y la gente sigue recordándote aquella fecha, pero intento no regodearme demasiado en el pasado.

El pasado pasado está y hemos trabajado siempre mirando al futuro.

Vicente del Bosque

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