Fotografía: Sergio Cueto

Álvaro Benito

Categorías inferiores del Real Madrid: 2015-2019

Por supuesto que uno aprende de todos los técnicos que tiene en su etapa de jugador, pero para ser entrenador se necesitan horas de vuelo.

Te diría que mi caso fue bastante curioso, porque yo debuté antes en Primera División que en Segunda. Al final de la temporada  que estuve en el Real Madrid C, me llamó Jorge Valdano (abajo) para comunicarme que haría la pretemporada con el primer equipo en Suiza.

Después de eso, fui convocado para el primer partido de Liga, jugando unos minutos ante el Rayo Vallecano en mi debut con el Real Madrid.

Víctor Chávez/Getty Images for Soccerex

Jorge era un entrenador que daba mucha confianza al jugador. En realidad, a mí solo me pidió que fuera yo mismo. Intentó que ese entorno siguiera siendo favorable para mí, que hiciera lo mismo que estaba haciendo en el Castilla, pero en ese caso en la élite.

Ese año recuerdo que estaba muy rápido, un jugador con mucho desborde. Siempre intentaba crear desequilibrio, en busca constante de los oponentes. Y le añadía, además, mucha personalidad. No me arrugaba ante nada.

La temporada siguiente fue un gran cambio para todos. Los resultados de la campaña anterior no habían sido los esperados y el club decidió apostar por una remodelación. Desde el banquillo, con la llegada de Fabio Capello (abajo), a la incorporación de nuevos jugadores. De una tacada llegaron Roberto Carlos, Clarence Seedorf, Christian Panucci, Davor Suker, Pedja Mijatovic…

“Yo era un jugador que intentaba crear desequilibrio. Y le añadía, además, mucha personalidad. No me arrugaba ante nada”

Eso, claro, añadió más competencia. Y yo encima arranqué de una manera diferente, porque en el último partido de Liga de la temporada anterior tuve una fisura en el calcáneo y pasé todo el verano recuperándome, sin poder entrenar o hacer nada de ejercicio.

Eso me hizo llegar a la pretemporada muy justito, sin buenas sensaciones. Así que esa pretemporada fue para mí como una “pre-pre-pretemporada”. Al volver de Suiza Fabio me llamó a una reunión con él. Ahí me comunicó que no contaba conmigo, que era un descarte para él y que me tenía que buscar equipo.

Denis Doyle/Getty Images

Después de esa noticia muy dura, empecé a digerirla y a buscar soluciones.

Pasaron dos semanas, y en ese transcurso de tiempo yo ya me había puesto bien físicamente. Estaba entrenando a tope, incluso con la limpieza mental de que sabía que estaba afuera del equipo y que no tenía esa tensión de tener que ganarme el puesto.

Y un día después que pasaran esas dos semanas, Fabio me preguntó qué dónde iba a jugar. Yo le comenté las opciones que tenía, que estaba a punto de cerrar ya con un equipo, pero él me dijo que ni en broma me fuera: “Tú te quedas”.

“Capello nos puso dos consignas muy claras a los más jóvenes. La primera, que nos cortáramos el pelo; la segunda, mejorar a nivel técnico”

Era un entrenador muy exigente con el jugador, pero también sabía recompensar el esfuerzo cuando lo dabas todo. Para mí un técnico adelantado a su época. Por entonces, en España no se llevaba todo tan al detalle a nivel de cuidado del jugador, los entrenamientos, la preparación de los partidos…

Con él no. Siempre tenía toda la información que necesitaras, en un trato muy cercano contigo. Te hablaba mucho y te contaba aspectos del juego. Con un especial cuidado y detalle sobre los más jóvenes. En esas charlas que teníamos con él te señalaba en que jugador, con el tiempo, te podías llegar a convertir. Eso sí, nos puso dos consignas muy claras.

Lo primero es que nos cortáramos el pelo, porque para aquel entonces todos teníamos el pelo largo. Lo segundo, mejorar el nivel técnico. Así que antes de cada entrenamiento salíamos casi una hora minutos antes al campo a hacer técnica individual. Y cuando digo todos son todos: Raúl (abajo a la derecha), Guti (abajo a la izquierda), Víctor Sánchez, García Calvo, yo… A perfeccionar.

Firo Foto/ALLSPORT

Y lo hice. Realmente mejoré mucho mi juego con pierna derecha. Por eso yo siempre digo que la técnica siempre se puede mejorar. Da igual la edad que tengas, aunque hayas llegado a la élite. En el fútbol, muchas veces te piensas que tienes todo aprendido y resulta que siempre se puede mejorar.

Sin embargo, el fútbol también te guarda situaciones que no puedes gestionar.

Era un partido con la Selección Sub-21 cuando noté el crack en la rodilla. La verdad que no fue un movimiento traumático, de esto que ves que tiene que haber lesión sí o sí. Yo lo achaco más a la fatiga muscular. Había jugado solo dos días ante el Logroñés tres días antes un duro partido.

Enseguida supe que había algo grave. Las pruebas confirmaron esas malas sensaciones: la triada (ligamento cruzado anterior, el ligamento lateral interno y el menisco interno). Sin embargo, lo que no imaginé nunca es que era el principio del fin.

Busqué por todas las vías posibles una solución para volver a jugar. Varias intervenciones, dos viajes a clínicas en Estados Unidos, muchas horas de trabajo individual en el gimnasio y en el campo…

“Fueron varias intervenciones, dos viajes a clínicas en Estados Unidos, muchas horas de trabajo individual en el gimnasio y en el campo para buscar una solución”

Aunque lo dieron casi por imposible los médicos, conseguí volver a jugar al fútbol. Eso es algo que me lo gané a pulso. Pero es cierto que ya no era ni la mitad del jugador que había sido antes. Y encima seguía teniendo muchas molestias. A nivel médico y mental estaba hundido. Era imposible seguir así y finalmente tuve que tomar la decisión de abandonar.

Tenía 24 años y me tocaba comenzar de nuevo mi vida. Me enfoqué un poco más en mi otra gran pasión, la música. Y como ocurrió con mi debut en el Madrid, el éxito llegó de manera muy curiosa.

Y es que en uno de los conciertos que dimos, por entonces en una pequeña sala, estaba uno de los productores de la que luego fue una serie de televisión muy conocida en España, “Los Hombres de Paco”. Le gustó nuestra música y nos propuso que hiciéramos la canción de la cabecera de la serie. Así fue como todo el mundo conoció a Pignoise.

Pablo Blázquez Dominguez/Getty Images

Al mismo tiempo, empecé a sacarme la titulación para entrenar. Mientras iba haciendo los cursos, como necesitaba las prácticas, me puse a entrenar un equipo de chicos que lo tenía cerquita de mi casa. Fueron dos años donde disfruté mucho y empecé a aprender lo que es ser entrenador. Un proceso de aprendizaje que continuó en la Academia del Real Madrid, escalando por las diferentes categorías.

Si me preguntas como soy como entrenador, hay una premisa por encima de todo que intento inculcar a todos mis equipos: agresividad. Me gustan los equipos verticales, ya sea progresando con la pelota o con juego más directo. Con tendencia a defender hacia adelante.

Porque creo que eso le dota al jugador y al equipo de mucho carácter y de mucha personalidad.

Hacerles creer que somos mejores y más protagonistas que cualquiera. Pero es muy importante que el jugador sepa captar ese mensaje. Que entienda lo que le quieres decir y lo pueda ejecutar, a nivel técnico-táctico y emocional. Lo uno y lo otro tienen igual importancia para mí.

Sergio Cueto

Es verdad que ahora, como analista en la televisión, estoy en un rol diferente a ser entrenador, pero el objetivo en el futuro, por supuesto, es entrenar. Siendo consciente también de que es difícil que llegue una oportunidad a donde yo quiero estar si no tienes la experiencia suficiente.

Veremos qué ocurre.

Esto es una carrera de larga duración donde las puertas se irán abriendo.

Luego uno decide si quiere atravesarlas o no.

Álvaro Benito

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