Fotografía: Carlos Pazos

Óscar Washington Tabárez

Uruguay, 1988-1990 y 2006-Presente

No cambió el fútbol, cambió el mundo.

Si vos me decís las cosas y el desarrollo tecnológico que hay ahora, el acceso a la información, la globalización, cómo podemos llegar a la información para analizar a un rival… En el año 1990, cuando yo estuve por primera vez al frente de la selección, no había esas cosas.

Yo recibía video-cassettes de partidos que me mandaban uruguayos que vivían en el exterior. Gente que uno conocía, no entrenadores. Muchos de ellos exiliados.

Ahora, si quiero ver un partido, voy a la plataforma que tenemos, un sitio especial para nosotros en la Selección.

Ingresó la clave de usuario y la contraseña, y simplemente, todo incorporado, tengo que hacer clic para ver toda la información en el momento que quiera. Le dispenso el tiempo que estime y la veo todas las veces que quiera. Cosas que quiero ver y que están predeterminadas anteriormente.

Para conectarme con los jugadores antes tenía que ir a Europa y ahora no lo hago.  No porque no pudiera ser importante -considero que podría ser una cosa que puede servir en algún momento- pero lo puedo hacer de otra manera.

Dominic Barnardt/Getty Images

En la selección hay un miembro del cuerpo técnico, Mario Rebollo, que permanentemente está en contacto con los futbolistas a través del teléfono, la internet, las redes sociales, una video-llamada, una conferencia…

Yo hago eso cuando es necesaria mi intervención, en algo personal o que tiene que ver con cosas que pasan por decisiones mías.

Pero sino el contacto es permanente y lo permite el desarrollo tecnológico en el mundo.

Es algo totalmente diferente, en cuanto al juego también. Los niveles de intensidad con que se juega ahora no son los que existían antes. No te digo los años noventa, pero no son los mismos que existían en la década de los sesenta.

“La evolución del fútbol ha llegado a tal grado de importancia por el nivel de excelencia que el entrenador tiene que ser docente o hacer docencia”

En mi proceso con Uruguay no hemos copiado nada, pero sí hemos sabido qué estaba pasando en el fútbol. Cuando fui al Mundial de Francia en el 98, no a trabajar porque Uruguay no clasificó y yo no estaba tampoco en la selección, me enteré lo que eran los Centros de Formación en Francia, repartidos por todo el país, y cómo se trabajan valores.

Los mejores jugadores de cada región estaban todas las semanas en esos Centros de Formación, se controlaban sus estudios, iban a jugar a sus equipos los fines de semana, cosas muy parecidas a lo que después hicimos de compartir el tiempo con los clubes en los jugadores juveniles que están en las pre-selecciones, pero mirando todo el entorno.

Clive Mason/Getty Images

El punto en común que tienen un maestro y un entrenador, dos profesiones que he ejercido, es que están a cargo de personas y de grupos de personas.

Pero es mucho más importante la tarea que hace un maestro que la de un entrenador de fútbol. Especialmente por la edad a la que recibe a sus alumnos, por los objetivos que tiene la educación en cuanto a desarrollar todas las potencialidades de esos niños y además involucrarlos en un entorno social, en una idea de país, en un futuro.

En el fútbol se hacen cosas parecidas cuando se trabajan con niños, con jóvenes o juveniles, pero en un entorno más acotado para que sean partícipes de una realidad que es muy importante como vehículo para llegar a cosas más importantes que el fútbol.

Además, otro punto de contacto es que la evolución del fútbol ha llegado a tal grado de importancia por el nivel de excelencia que se pretende que el entrenador, y esto es una cosa ineludible, tiene que ser docente o hacer docencia.

No necesariamente tiene que ser maestro de escuela o un profesor o un docente universitario, pero la propia función le lleva a que no solo atienda la realidad futbolística de un individuo que juega al fútbol, sino atender a la persona, el concepto de formación integral: atender la actividad que realiza esa persona.

Ése es un concepto que lo hemos incorporado en nuestro proyecto y que tiene que ver con esa concepción que tenemos de los puntos de contacto entre un maestro y un entrenador.

Buda Mendes / Getty Images

Uno cuando analiza la Copa América, los antecedentes de las eliminatorias y porque hace muchísimos años que no la gana, ve que Brasil podría ser una selección que se juegue todos los tantos a salir campeón.

Argentina, que es otro equipo muy poderoso desde el punto de vista futbolístico, está buscando nuevos caminos. Conseguir la vinculación de los jugadores que aparecen de las selecciones juveniles con la selección mayor, cosa que ya hicieron en la era de Pékerman.

Más allá de esos equipos, cualquiera puede tener destaques. Por ejemplo, Japón, lo que viene progresando. El Mundial que hizo. Se habla mucho de Bélgica, que algunos lo catalogan como el mejor equipo. Pero perdió Japón el partido que jugó con Bélgica, más que ganarlo Bélgica. Todavía no ha evolucionado tanto en los aspectos defensivos Japón.

Aunque desde el punto de vista de la posesión de pelota, del ataque, de la velocidad, de la habilidad, de las condiciones físicas de sus jugadores, de su contundencia… Es un rival que puede ser fuerte, lo tenemos en la serie.

Qatar, del que nadie hablaba. Empecé a ver partidos de Qatar y ha mejorado. Viene con ideas de un entrenador español (Félix Sánchez) y ha sido campeón de la zona (Asia) ganando la final a Japón.

“El fútbol uruguayo es su historia, nos beneficiamos de ese pasado glorioso. Nos miramos en él”

Entonces ya no hay rivales fáciles. ¿Qué se puede decir de Venezuela? ¿Y de Ecuador? De lo que ha trabajado, de lo que se ha hecho con la formación de sus juveniles.

Es la primera vez que logra un Sudamericano Sub-20 en su historia. Eso tiene que ver también con lo que muestran, a nivel de Copa Libertadores, los equipos ecuatorianos, que está por encima de lo que hemos demostrado nosotros. Por lo menos algunos de ellos.

Chile, Colombia, cualquiera que nos hubiera tocado…

Carlos Pazos

Como el fútbol uruguayo es su historia, nos beneficiamos de ese pasado glorioso. Nos miramos en él.

En algún momento nos llegó información equivocada de lo que fue Maracaná y lo que era, pero después los propios futbolistas -con algunos de los cuales tuve oportunidad de hablar- reivindicaron eso y contaron la verdad, que Uruguay era una potencia y que muchas veces no gozábamos de los apoyos que tenían que tener.

Recién lo empezaron a ver los futbolistas cuando fueron a otros medios más desarrollados desde el punto de vista de la preparación y de lo que se le brinda a un futbolista. Y ahí ven cómo es la cosa en el fútbol.

No es: “Vamo’ arriba y que somos uruguayos”. Esas son cosas que hay que dejarlas guardadas para cuando estemos solos encerrados en una habitación para sacarnos las ganas o la adrenalina.

Pero no para ir afrontándolo como cosas que tenemos que oponerle a lo que está pasando en el mundo.

No puede ser que vayamos a jugar un Mundial ahora como sucedió en el año ’74, que fuimos a enfrentar a Holanda y no sabíamos lo que era Holanda en ese momento.

Nos pasó por arriba, como a la mayoría de los equipos. Pero los otros se defendieron y perdió la final con Alemania. Ellos sabían lo que era Holanda y a su manera trataron de hacerle el partido. Jugás al fútbol y terminan los resultados a veces de una forma circunstancial.

Pero no tiene nada que ver lo que era el fútbol en otro momento a lo que es ahora y quizás a lo que pueda ser dentro de 40 años, que yo ya no lo voy a ver, obviamente.

Siempre va a haber que adaptarse a lo que muestra la realidad.

Todo cambia, el fútbol no es diferente.

 

Óscar Washington Tabárez

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