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Paulo Autuori

Botafogo, 2020-Presente

Gracias al ex capitán de la selección brasileña Marinho Peres tomé la decisión de salir de Brasil.

Fue en 1986 cuando me ofreció irme a Portugal como su asistente en el Vitória de Guimaraes. Es algo por lo que le estaré eternamente agradecido.

Aquella decisión de irme de Brasil tenía dos grandes objetivos. Por una parte, quería evolucionar como ser humano, profundizar en culturas distintas.

El otro gran objetivo era deportivo, profesional. Quería enfrentarme al desafío de obtener resultados fuera de mi país. Así, pude experimentar algo fundamental para cualquier persona: la capacidad de adaptación, una característica imprescindible para un técnico de fútbol.

Adaptarse a distintas realidades es crucial. Pero, claro, sin sacrificar tu esencia ni conceptos profesionales.

Hoy miro hacia atrás y me doy cuenta de lo enriquecedora que fue la experiencia de conocer nuevos lugares. Trabajé en siete países, esparcidos en tres continentes. Obtuve resultados positivos en todas esas experiencias. Conocí y me adapté a las costumbres e idiosincrasias de cada sitio.

Valió mucho la pena.

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El técnico de fútbol es también un gestor de personas. El trabajo no es sólo táctico o técnico. Es necesario que lideres un grupo, hacerlo para que crean en tus métodos. Al dirigir a futbolistas de culturas distintas, ganas en “juego de cintura”, flexibilidad.

Cuando estuve en el Benfica era el primer año de la Ley Bosman -la temporada 1996-1997- y trabajé con jugadores de 13 nacionalidades diferentes. Actualmente es algo corriente en los grandes clubes europeos, pero en aquella época, los aficionados y la prensa se resistían al cambio.

No entendían cómo sería posible gestionar a un grupo tan heterogéneo. Para mí fue extremadamente valioso dirigir personas de costumbres y culturas diferentes. Me hubiera gustado ser uno de esos jugadores profesionales.

“Aunque no tuve la valiosa experiencia de ser futbolista profesional, busqué otras formas de obtener el conocimiento”

Una poliomielitis truncó cualquier posibilidad de que pudiera llegar a serlo. Esto es algo que se sabe públicamente, aunque no me gusta extenderme sobre este tema. No me convertí en jugador, pero mi vida siempre estuvo ligada al fútbol. Jugué al futsal hasta los 16 años. En Brasil es una disciplina muy competitiva. Creo que el futsal debería estar presente en las categorías de formación de jugadores de campo.

La vida me llevó por otro camino. Terminé tomando la ruta de la formación académica deportiva. Aunque no tuve la valiosa experiencia de ser futbolista profesional, busqué otras formas de obtener el conocimiento.

Siempre fui apasionado del juego. Aprecio tanto la estrategia como la belleza de este deporte.

Hay un vídeo que circula por internet, de la época en que entrenaba al Marítimo, a comienzos de los años 90. Era la primera vez que ese club de la isla de Madeira se clasificaba para una competición europea. En el vídeo el periodista me llama filósofo, lírico e incluso romántico. Alguien preocupado por jugar un fútbol atractivo, como forma de alcanzar el resultado.

Nunca conseguí analizar y ver el fútbol sin contemplar las vertientes antropológicas, sociales y filosóficas. El fútbol es antropología pura. El hombre en el contexto. Una cosa que no acepto es esa postura de “nací para ganar”. Nadie nace para perder.

Ganar es consecuencia de una serie de factores. Percibo que en el mundo moderno hay una obsesión por la victoria. Es necesario ganar de cualquier manera. Es un pensamiento peligroso.

Mi máxima, como persona, siempre fue superarme a mí mismo. Evolucionar. Crecer. Quiero ser mejor de lo que fui. Lo que soy como persona, como profesional.

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Durante mi trayectoria tuve la oportunidad de trabajar con grupos ganadores. De nada sirve pensar que un entrenador resuelve solo. No resuelve. El equipo necesita tener intimidad con la victoria.

Como ejemplo, aquel Sao Paulo de 2005 (arriba). El grupo había sido campeón paulista con Emerson Leao. Después, dirigí al equipo en los títulos de la Copa Libertadores y del Mundial de Clubes. Y muchos jugadores se quedaron después para ganar tres campeonatos brasileños consecutivos bajo el mando de Muricy Ramalho. O sea, tres entrenadores de perfiles bien diferentes, pero el grupo siguió siendo victorioso.

“De nada sirve pensar que un entrenador resuelve solo. El equipo necesita tener intimidad con la victoria”

También me encontré con un grupo ganador con el Cruzeiro en el título de la Copa Libertadores (abajo) de 1997. No puntuamos en los tres primeros partidos de la fase de grupos. Estábamos virtualmente eliminados. El siguiente partido era contra un Gremio muy fuerte, en Porto Alegre. Ganamos.

De ahí en adelante fue un ascenso increíble rumbo a la clasificación – matemáticamente tan improbable- y al título. Aquella reacción del equipo me marcó mucho. Fue una conquista a base de resiliencia. Desafortunadamente tuve un problema en mis relaciones con un dirigente del club. No nos hablábamos.

Una vez, durante la campaña de la Libertadores, peleamos en el autobús. Fue vergonzoso, delante de los jugadores. Ese día le comuniqué al presidente que no permanecería en el cargo, independientemente del resultado en Libertadores. Y así fue. Ganamos la competición y dejé el Cruzeiro al día siguiente.

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Si con el Cruzeiro no pude ir al Mundial de Clubes, la oportunidad vendría años después con el Sao Paulo. Asumí el cargo en medio de la campaña de la Libertadores. Jugaríamos el último partido de la fase de grupos contra The Strongest, de Bolivia.

Recuerdo que necesitábamos ganar por 4 goles de diferencia para evitar el duelo con Palmeiras en octavos de final. Estuvimos cerca de hacerlo, pero el 3-0 final no fue suficiente para evitar ese cruce.

El choque temprano con un rival tradicional generó mucho ruido en el ambiente. Entonces conversé con los futbolistas y les pedí que se preocuparan solo de nuestro desempeño. El foco era jugar nuestro mejor fútbol. Con eso, teníamos la convicción de que llegaríamos lejos en la Libertadores.

“Sau Paulo era un grupo victorioso, talentoso e inteligente. El título continental fue merecido”

El entrenador necesita siempre equilibrar entre necesidades y voluntades personales. Lógicamente, las necesidades serán siempre la prioridad. Cuando llegué al Sao Paulo, el equipo jugaba con tres zagueros. Particularmente, no me gusta este esquema, pero no había tiempo disponible para implementar un nuevo sistema. Así que la necesidad me hizo seguir con el que había.

Pero sí hice un ajuste táctico que poca gente comentó. En Brasil, cuando se juega con tres defensas, uno de los carrileros juega como si fuese un volante cuando el balón está al otro lado.

Yo hice lo contrario. Me gusta defender siempre con una línea de cuatro. Cuando el balón estaba en el lado izquierdo, por ejemplo, Júnior giraba en punta, mientras que dos defensas cubrían el lateral izquierdo, y del otro lado Cicinho volvía a su posición como defensa en su carril.

Los jugadores entendieron muy fácilmente este cambio táctico. Además, aquel equipo tenía una dinámica fantástica en el mediocampo. Nunca me gustó usar un pivote defensivo, al que llaman “primer volante”. Mineiro y Josué alternaba esas posiciones, salían a jugar. Más allá de ellos, todavía teníamos a Danilo, un jugador con una lectura táctica del juego por encima del promedio. Era un grupo victorioso, talentoso e inteligente. El título continental fue merecido.

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Con el puesto garantizado en el Mundial, que sería disputado en Japón, tomé una decisión controvertida. Diría que hasta arriesgada. La directiva no estuvo de acuerdo conmigo, pero aceptaron mi posición. Decidí dar descanso a muchos jugadores durante la fase final del campeonato brasileño.

Ya no teníamos posibilidades de ganar el título, y tampoco corríamos ningún riesgo en la parte inferior de la tabla. No hicimos nada a ojo, realizamos una evaluación para detectar qué jugadores estaban más desgastados físicamente. Rogério Ceni (arriba), Fabão, Lugano, Júnior, Danilo, Mineiro, Josué… Esos tipos habían jugado más de 80 partidos en la temporada.

La necesidad pedía que les diéramos un descanso. No solamente un descanso físico, sino mental también.

La planificación para el Mundial pasó por varios factores. Invitamos al personal del Laboratorio del Sueño, de la Universidad de Sao Paulo, para que dieran una charla a los jugadores. Nuestro viaje a Japón tenía una escala en Frankfurt, Alemania. Nos aconsejaron que evitáramos dormir en esta primera parte del viaje. Además de usar gafas oscuras durante el día en el avión. La idea era comenzar a preparar el organismo para el cambio de horario de luminosidad.

“Invitamos al personal del Laboratorio del Sueño, de la Universidad de Sao Paulo, para que le dieran una charla a los jugadores”

Cuando llegamos a Japón, exhaustos, no permitimos que los jugadores descansaran inmediatamente. Salimos del hotel y fuimos a dar una vuelta por la ciudad. Así esperaríamos el horario más apropiado para dormir. Pueden parecer detalles, pero son estrategias que ayudan a construir el resultado esperado.

La final contra el Liverpool (abajo) era un enorme desafío para nosotros. Del otro lado había un gigante del fútbol mundial. Un club acostumbrado a vencer, que venía embalado, con 11 partidos sin encajar un gol. Era un equipo muy bien entrenado por Rafa Benítez. Es fundamental que tú como técnico entiendas lo que piensa el entrenador adversario. Y si su equipo absorbe bien su filosofía. Era el caso del Liverpool.

Jugaban con dos líneas de 4, extremadamente bien coordinadas. Sabíamos que nuestros laterales, Junior y Cicinho, serían fundamentales para deshacer la línea del medio campo y con eso desequilibrar también la última línea defensiva del equipo inglés.

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El principal nombre del Liverpool era Steven Gerrard. Un  jugador de raras cualidades. De mucha calidad con la pelota en los pies, además de una inteligencia táctica por encima del promedio.

Pero había otros peligros. Xabi Alonso era otro al que no queríamos dejar pensar en el juego. Nos habíamos preparado para lidiar con Peter Crouch. Entrenamos muchas jugadas de potenciales centros cruzados y lanzamientos laterales que podrían buscar a Crouch en nuestra área. Pero no comenzó como titular. Terminó entrando al final del segundo tiempo.

De cualquier forma, nuestros tres zagueros, Diego Lugano, Fabao y Edcarlos estuvieron impecables en el partido.

Un poco antes de salir para Japón, leí un artículo de Carlos Drummond de Andrade en el diario Folha de Sao Paulo. Esencialmente, decía que no había necesidad de ser campeón 24 horas al día. Cuando leí aquello lo guardé. Sabía que llegaría el momento ideal de conversar sobre el tema con los jugadores.

Horas antes de la final con el Liverpool, utilicé ese pensamiento. A los jugadores, les recordé que habíamos trabajado duro, dando todo lo mejor y que ya éramos ganadores, independientemente de lo que fuese a ocurrir sobre el campo. Que no necesitábamos colocarnos una presión adicional sobre nuestros hombros.

Para mí, ya eran triunfadores antes del partido con el Liverpool.

Unas horas después eran ganadores y campeones del mundo.

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