Fotografía: Philip Haynes

Paul Clement

Swansea, 2017

La sala se quedó en silencio

De repente todos los jugadores se quedaron mudos ante una pregunta que nunca antes habían tenido que responder.

Yo estaba parado en la puerta principal, con un cronómetro en la mano y un rotafolio detrás de mí listo para escribir. A escasos metros estaba parado mi jefe, el entrenador del Chelsea, Carlo Ancelotti. Los dos aguardando. Expectantes.

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Era la noche antes de la final de la FA Cup de 2010, cuando el Portsmouth de Avram Grant aparecía como el único obstáculo que le quedaba al Chelsea para ganar, por primera vez en su historia, el doblete de la Premier League y la Copa.

Menos de una semana antes, Carlo y yo habíamos celebrado en el banquillo cuando estos jugadores, ahora silenciosos, habían asegurado el título de la liga con una paliza 8-0 ante el Wigan en la última jornada de la temporada. Sin embargo, en nuestras mentes ya estábamos pensando en Wembley.

“Este es el último partido de la temporada. Sabemos de lo que somos capaces y conocemos al rival. ¿Cuál debería ser para ustedes la estrategia?”.

La pregunta de Carlo dejó en silencio a un grupo de jugadores no precisamente conocidos por su timidez. No estaban acostumbrados a que se les preguntaran qué pensaban y se les pidieran sus ideas. Gradualmente las expresiones de perplejidad dieron paso a una actitud meditativa. Y entonces empezaron a levantar sus manos.

Yo comencé a escribir.

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Petr Cech, John Terry y Frank Lampard hicieron contribuciones clave.  Y a medida que el resto se entusiasmaba con la idea, más jugadores participaron. Yo escribía tan rápido como podía y, casi sin darnos cuenta, teníamos una lista de puntos defensivos y otra de puntos ofensivos.

Eso fue todo. La estrategia quedó decidida, la charla previa al partido estaba terminada y, al siguiente día, los jugadores salieron al campo y respondieron.

Una victoria 1-0. Un histórico doblete. Una estrategia liderada por los jugadores.

A veces los entrenadores tienen miedo de darle tanta responsabilidad a los jugadores, pero finalmente de eso se trata todo. A medida que el partido avanza, ¿cuánta influencia puede tener un entrenador en un estadio lleno, con un ensordecedor ruido, y sin poder pasar información a los jugadores? Ellos necesitan poder tomar esas decisiones en instantes. Así que para mí cuanta más responsabilidad tengan mejor es.

Esa es solo una de las cosas que aprendí de Carlo.

“Nunca lo había visto antes, pero cuando mencionaron su nombre pensé lo increíble que sería que viniera a nuestro club”

Hay mucho más. Como entrenador y táctico me enseñó tanto. Pero igualmente importante es lo que aprendí de él como persona. Vi como trataba a la personas y manejaba sus relaciones, consiguiendo ser firme en su forma de ser y en  sus ideas, asegurándose de que hubiese disciplina en el vestuario, al mismo tiempo desarrollando vínculos con los jugadores.

Los hizo sentirse cómodos y sacó lo mejor de ellos.

Hizo lo mismo por mí.

Philip Haynes

Recuerdo la primera vez que su nombre fue vinculado al Chelsea, luego de la salida de Guus Hiddink del club. No lo había conocido, pero había visto como jugaban sus equipos. Primero cuando siendo entrenador de la Juventus se enfrentó al Manchester United en la semifinal de 1999 en la Champions League. Luego cuando estuvo en el Milan, donde cosechó tantos éxitos, especialmente en la Champions League.

Varios nombres sonaron como posibles reemplazos de Guus, pero cuando escuché el de Carlo pensé en lo increíble que sería que alguien de su experiencia viniera a nuestro club y, potencialmente, me diera la oportunidad de observar y aprender.

Yo era el entrenador del equipo de reservas en ese momento, aunque Guus me había dado la oportunidad de trabajar con el primer equipo durante sus cuatro meses en el Chelsea. Fue una experiencia genial, pero cuando se fue pensé que volvería a mi rol con el equipo de reservas.

No me quedé ahí por mucho tiempo.

Carlo llegó al club con un asistente cuyas mayores cualidades tenían que ver con la psicología del deporte y Ray Wilkins se quedó como segundo entrenador. Pero necesitaba un técnico más en el equipo.

“Aprendió inglés, francés, español y, más recientemente, alemán. Y todo después de cumplir los 50 años. Él sabe lo importante que es la comunicación como entrenador”

Frank Amesen era el director deportivo en ese momento y yo había trabajado de cerca con él en la academia. Fue él quien sugirió mi nombre para el puesto.

Durante las dos primeras semanas sentí que estaba bajo prueba. Me fui con Carlo y el primer equipo de gira a los Estados Unidos. Cuando regresé, le dije que probablemente era mejor que yo volviera al equipo de reservas.

“No, no. La mejor experiencia para ti sería venir a trabajar conmigo. Tendremos éxito. Lo disfrutarás”, me dijo.

No podía rechazar esa oportunidad.

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A medida que seguí con Carlo, pasando con él del Chelsea al Paris Saint-Germain, Real Madrid y Bayern Múnich, fue dándome más responsabilidad. Inicialmente, creo que le gustó que traje algo de organización. Planificaba bien y conocía distintos ejercicios. Esas eran el tipo de habilidades que él necesitaba, basándose en las que él y Ray Wilkins tenían. Trabajábamos bien como equipo.

Hubo una cosa que realmente me impresionó de él, tanto en el Chelsea como después. Tenía casi 50 años cuando llegó a Inglaterra sin realmente tener ninguna habilidad lingüística. Había pasado toda su carrera jugando y entrenando en Italia. Ahora se estaba embarcando en un viaje europeo donde tenía que adoptar distintas culturas e idiomas.

Aprendió inglés, francés, español y, más recientemente, alemán. Y todo después de cumplir los 50 años. Estudiaba en las tardes o después de los entrenamientos con un profesor de idiomas. Estaba decidido a mejorar porque sabía lo importante que era la comunicación para ser un entrenador.

Cuando das instrucciones sobre el campo puedes salirte un poco más con la tuya, pero cuando eres el entrenador principal tienes que comunicarte no solo con los jugadores, sino también con los medios, los dueños y los aficionados. Es algo crucial.

Siempre guardaré en la memoria una conversación que sostuvimos cuando estuvimos en el Chelsea. Por razones obvias.

“¿Si llega el momento de dejar este club estarías interesado en venirte conmigo como mi asistente a otro lado?”

Cuando Carlo me hizo esa pregunta no tenía idea de las consecuencias de responder afirmativamente. No tenía sentido de las oportunidades. Y si alguien me hubiese ofrecido una instantánea de lo que estaría por venir, yo probablemente me hubiese reído mucho.

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Mi teléfono sonó.

Siete meses habían pasado desde que Carlo se había ido del Chelsea. Seis desde que yo había salido por la misma puerta.

“Me han ofrecido el puesto de entrenador en el Paris Saint-Germain. ¿Quieres venir?”.

Hacía poco que había comenzado a trabajar con el Blackburn como asistente del entrenador Steve Kean. Tenía que pensar en mi esposa y dos niños también. Sin embargo, sabía que irme con Carlo era el paso correcto para mi carrera.

“Nunca lo vi mostrarse con demasiada superioridad. Y nunca demasiado decaído. Aprendí mucho de ese enfoque equilibrado”

Unos 18 meses más tarde, el siguiente paso estaba claro.

“El Real Madrid me ha contactado. Hay una posibilidad de que vaya allá”.

Las palabras de Carlo quedaron en el aire. Quería palparlas para ver si eran reales. Era como un sueño.

Era el sueño.

Philip Haynes

Trabajé con Carlo en cuatro distintos países, ligas e idiomas. A pesar del entorno cambiante, siempre fue consistente no solo en sus mensajes a los jugadores y en su personalidad, también en la forma de manejar el éxito y los momentos difíciles.

Nunca lo vi mostrarse con demasiada superioridad. Y nunca demasiado decaído. Como un entrenador relativamente joven que era aprendí mucho de ese enfoque equilibrado. Posteriormente, cuando fui entrenador del Derby County y luego el Swansea, muchas veces recordé esos tiempos. Recuerdo distintas situaciones y la forma como Carlo las había manejado.

¿Qué haría Carlo?

Luego de trabajar con él a mi lado por tantos años, frecuentemente me han preguntado cómo describiría a Carlo como entrenador. La mejor forma de responder es decir que si fuese un jugador, me encantaría tenerlo como técnico.

Es, de lejos, la mayor influencia que he tenido en mi carrera en los banquillos.

Paul Clement