Fotografía: Cedida por UD Ibiza

Pablo Alfaro

Jugador: Sevilla 2000-06

El derbi de Sevilla es diferente a todos.

Primero, por la connotación tan pasional que tiene el fútbol en esta ciudad. Sevilla respira fútbol por sus equipos. Después, porque todo está entremezclado. En las calles, no hay una zona de cada equipo como en otros lugares.

Ni siquiera en las casas. En una misma familia hay aficionados indistintamente de un equipo u otro.

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En la primera pretemporada que hice con el equipo –el verano del 2000–, me llamó especialmente la atención algo que ocurrió uno de esos días. Se había sorteado el calendario de la temporada mientras estábamos entrenando y lo primero que hicieron todos los jugadores al terminar la sesión, sobre todo los canteranos, fue ir corriendo al vestuario.

¿Y por qué tanta prisa?

Querían ver el día del partido ante el Real Betis (19 de noviembre del 2000).

Desde ese momento en tu cabeza siempre está ese ‘Día D’. Vas jugando los otros partidos, pero ahí, en un rinconcito, siempre está esa fecha. “Porque el derbi dura 90 minutos, pero se vive muchas semanas antes y muchas semanas después”, como me dijeron ese día.

“Es un partido con una connotación muy pasional y donde todo está entremezclado: en las calles y en las familias”

Si eso ocurre cuando estás todavía en pretemporada, imagínate cuando llega la semana del partido.

En nuestro vestuario había muchos jugadores de la cantera, chicos que muchos de ellos empezaron a vestir la camiseta del Sevilla con apenas 10 años. Y a ellos se añadía el cuerpo técnico. Joaquín Caparrós, el entrenador, y sus ayudantes: Antonio Álvarez, Ramón Orellana. Enormes profesionales, y muy muy sevillistas.

Caparrós se activaba de una manera especial desde el mismo lunes. Te inyectaba toda su energía, llevando al grupo a dar el ciento veinte por cien en los entrenamientos. La excitación era tanta que había que tener cuidado de no pasarse de rosca en los entrenamientos.

Aitor Alcalde/Getty Images

Pero eso nos preparaba para lo que iba a pasar en el campo. En estos partidos muchas veces no hay espacio para la creatividad, por lo que suele ser habitual que se impongan otras características. Tienes que hacer más un trabajo de equipo, participando en muchos más duelos y cargados de una enorme intensidad.

Uno tras otro.

Ese primer derbi para mí fue en Segunda División. Los dos equipos habían descendido el año anterior, aunque eso no quitó ni una pizca de pasión al significado del partido. No importa el momento de los equipos, la posición en la tabla o hasta la categoría. El derbi es el derbi.

Fue en el Benito Villamarín un domingo a las 12 del mediodía, cuando Canal Plus televisaba la Segunda División en la que ese año coincidimos los dos equipos de Sevilla, Atlético de Madrid y Tenerife, una de las temporadas más duras para ascender a Primera.

Yo terminé expulsado, pero aun así logramos ganar 1-3. Fue todo muy épico.

Tengo que reconocerte que a mí me gustaban especialmente los derbis en el campo del Betis. Saber que estabas defendiendo a tu equipo y tus colores rodeado de la afición rival y de un ambiente más hostil.

Era como meterte en la boca del lobo.

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En uno de ellos nos tocó ir solos a la “guerra” (marzo de 2003). Las relaciones de las directivas han pasado por diferentes etapas a lo largo de todos estos años, con buenos y malos momentos. Pero nunca al nivel de lo que ocurrió en esa ocasión. Directamente ni se hablaban. Así que el Betis decidió no vender ninguna entrada a los aficionados del Sevilla.

El ambiente ese día, por supuesto, fue muy complicado. Posiblemente el más difícil que haya vivido yo en el Villamarín, y más cuando nos pusimos ganando 0-1, un resultado que aguantamos hasta el final.

“A mí me gustaban especialmente los derbis en el campo del Betis, era como meterte en la boca del lobo”

La vuelta a casa, al Sánchez Pizjuán, en el autobús fue apoteósica, con toda la afición esperándonos en la puerta del estadio. Parecía que habíamos ganado un título.

En cinco temporadas en el Sevilla jugué nueve derbis y nunca salimos derrotados. Como ya no volveré a jugar ninguno más queda para orgullo de los aficionados. Poder decir: “Nunca hincó la rodilla ante el eterno rival”.

Firo Foto/ALLSPORT

Al margen de todas esas sensaciones, son partidos que me han ayudado a desarrollarme después como entrenador. Te preparan para las situaciones más complejas, como cuando estás disputando títulos o la agonía deportiva por no descender, momentos en los que la responsabilidad pesa mucho.

Ahí te encuentras con futbolistas que la saben llevar bien, pero también otros a quienes le pesa mucho la presión y dan un porcentaje mucho más bajo de lo que son realmente. Al final es la alta competición.

No es no sentir la presión, sino actuar de la manera más adecuada bajo ella.

A nivel de preparación también aprendes una gran lección: los planteamientos no siempre salen como quieres. Puedes hacer todos los análisis posibles, muy válidos para cualquier partido, pero no para el derbi. En un momento determinado, el jugador que menos te lo esperas, el que nunca es decisivo, aparece y te cambia todo.

UD Ibiza

Algún día me gustaría estar ahí como entrenador. Claro está, con los colores del Sevilla. Imagino que lo prepararía de manera similar a como me los enseñaron a mí como jugador. Para mí es una cuestión que va más allá del deporte.

La vida está hecha para disfrutar de los momentos como ese. No para esconderse de ellos, aislando al equipo los días previos fuera de la ciudad como sí hicieron otros entrenadores en algunos momentos.

“Al margen de todas esas sensaciones, son partidos que me han ayudado a desarrollarme después como entrenador”

Me gusta ser de los que se impregna del ambiente de la ciudad, que el futbolista sepa la importancia que tiene para su equipo y la afición. Para que cuando uno se retire pueda decir: “Yo estuve ahí y lo pude vivir”.

Porque eso ya no vuelve.

Por las circunstancias en la que nos encontramos, este derbi que viene no ha permitido vivir todo eso. Será el más diferente a todos: el primero en la historia sin afición en el campo.

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Pero eso no le restará ni una pizca de sentimiento y pasión.

Será también una ocasión única para que Sevilla, ciudad futbolera que es, pueda dar una imagen impoluta al mundo después de todo lo que nos ha tocado vivir. Tiene que salir de sobresaliente. Y estoy seguro de que será así.

No me imagino ningún otro partido mejor para que vuelva La Liga.

Pablo Alfaro

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