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Miguel Ángel Russo

Boca Juniors, 2020-Presente

El Perfil:

En su larga trayectoria Miguel Ángel Russo  ha dirigido, entre otros equipos, a Lanús, Universidad de Chile, San Lorenzo, Estudiantes de la Plata, Racing Club, Vélez Sarsfield, Millonarios, Cerro Porteño, Rosario Central y, actualmente por segunda ocasión, a Boca Juniors.

Acumula una experiencia de más de 1000 partidos en el banco desde que comenzó su carrera con Lanús en el año de 1988, destacándose  especialmente su paso por Boca en el año 2007,  cuando el equipo se coronó como campeón de la Copa Libertadores y alcanzó la final de clubes ante el Milan (abajo), partido con el cual cerró su primer capítulo en el club xeneize.

De ese equipo Russo decía que “con Martín Palermo, Rodrigo Palacio y Riquelme tienes que ser ambicioso”. Un conjunto de pequeñas sociedades evidentes -Riquelme, Clemente Rodríguez, Éver Banega e Hugo Ibarra- y decisivas para cambiar el rumbo de cualquier partido.

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Su principal referente es Carlos Bilardo, a quien lo considera un maestro y de quien aprendió muchos detalles para ser entrenador en su etapa como jugador en Estudiantes.  Russo apunta que el fútbol ha ido evolucionando a pasos agigantados a través de los tiempos, resaltando especialmente la capacidad de los jugadores de entender el juego. Una de sus  filosofías es siempre tomar en cuenta a las categorías inferiores, ya que para él son pieza fundamental para ir alimentando al club y refrescando sus líneas.

Tras haber atravesado por momentos muy duros luchando contra el cáncer,  regresó, once años después, a Boca con una ilusión muy grande y metas muy claras para conquistar.

Campeón de la SuperLiga Argentina 2020 después de sumar 7 victorias en los últimos 8 partidos de la temporada -18 goles a favor y solo uno en contra-, el próximo objetivo es alcanzar la Copa Libertadores y nuevamente llegar a una final del Mundial de Clubes.

Estilo de juego:

Su sistema más utilizado es el 4-1-3-2, priorizando un juego mucho más potente y rápido en transición defensa-ataque, situaciones donde se ve más pronunciado el mayor cambio de ritmo, profundo y vertical de su juego.

Como sistema secundario utiliza el 4-2-3-1 o el 4-4-2,  los cuales implementó  con mucho más frecuencia en equipos como Millonarios (abajo) y Alianza Lima. Dentro de ese dibujo apostó por un ataque combinativo, siempre buscando que los laterales pasaran al ataque, generando así mucho juego por las bandas y luego buscar las diagonales y centros. Situaciones ofensivas donde la intención era llegar con superioridad numérica al último tercio de campo.

En fase defensiva, mientras, realizaba transiciones muy rápidas, con acosos intensivos al rival y presión alta o media según la situación de juego. Añadido a una estructura en bloque compacto, buscando la marca hombre a hombre y recuperación rápida normalmente en reorganización defensiva, situación en la que los equipos de Russo buscaban ser muy eficientes.

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En Millonarios consiguió estructurar un sistema 4-2-3-1 y 1-4-4-2 que le permitió alcanzar grandes logros. Su mayor tranquilidad la tenía en la portería con Nicolás Vikonis; en defensa con Matías de Los Santos, mientras que Andrés Cadavid, David Silva y Jhon Duque eran los creadores del juego, garantizando la movilidad y la flexibilidad a la hora de tomar las decisiones en el ataque, generando un buen entendimiento con Del Ayron Valle y Juan Domínguez.

En Alianza Lima, utilizando su sistema más cómodo 4-2-3-1 y 4-4-1-1, buscaba generar desdoblamientos por carriles laterales, apostando por Kevin Quevedo, uno de sus jugadores de mayor proyección en el equipo. Dentro de sus fortalezas era el juego que se desarrollaba en zona de construcción, y un gran desgaste de ida y vuelta tanto en ataque como en defensa.

Sin embargo, varió su dibujo en Cerro Porteño, teniendo como sistema principal el 4-4-2 mostrando un juego más directo. Pases a segunda línea, buscando el posicionamiento en profundidad de Haedo Valdez (abajo) y Joaquín Larrivey, siendo las transiciones y contragolpes su principal arma de ataque.

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Boca antes de Russo:

Con un sistema preferente 4-2-3-1 en defensa, que en transición ofensiva se convertía en un 4-3-3 Gustavo Alfaro mantuvo un once tipo durante su etapa en Boca. con Estéban Andrada en el arco, línea de centrales con Julio Buffarini, Lisandro López, Carlos Izquierdoz y Emmamuel Mas; Nahitan Nández Iván Marcone y Agustín Almendra como medios y Sebastián Villa, Darío Benedetto y Mauro Zárate en el frente de ataque.

En fase defensiva, el equipo se mostraba muy compacto en sus líneas y en basculación permanente según el sentido del balón. Una estructura muy corta, cerrando preferentemente los carriles centrales (abajo).

En salida de balón Andrada iniciaba el juego desde atrás con la intención de generar amplitud una vez superada la primera línea de juego, sumándose al ataque de Buffarini y Mas para generar superioridad numérica. También eran muy importantes los movimientos de Zárate y Villa, quienes generaban apoyos de ruptura y coordinación de desmarques creando desequilibrios defensivos al rival.

En las transiciones defensa-ataque en un 3-4-3 (abajo), el equipo generaba salidas más directas buscando a Izquierdoz o López, quienes cumplían la función de estar abiertos en carril lateral. El objetivo era generar un juego en profundidad una vez identificada la ventaja espacial y la llegada de Benedetto al centro del área en zona de finalización.

El juego asociativo no era una de las principales fortalezas de Boca con Alfaro. De hecho, llegaba a zona de finalización en 4 a 5 pases siendo más frecuentes el cambio de dirección o pase a segunda línea buscando la mejor ubicación de sus compañeros. Así, no era parte de su estilo de juego buscar la movilización del ataque o asociaciones hasta encontrar el momento más oportuno para atacar; más bien se caracterizaban por aprovechar la desorganización defensiva del rival. Los remates de media distancia, tanto de Zárate como de Carlos Tevéz -no era titular de manera frecuente-, se mostraron como pieza clave para ganar varios encuentros.

A la hora de presionar al rival, Boca mantenía frecuentemente un bloque alto al menos durante el primer tiempo, buscando generar equivocaciones ante la salida del rival. También reconociendo cuándo presionar en bloque medio, pero siempre compacto y corto.

El Boca de Russo:

El retorno de Russo a La Bombonera, respaldado por Juan Román Riquelme desde la parte directiva, generó una gran confianza en los jugadores. El sistema cambió en aprovechar o encontrar los jugadores claves para aprovechar el juego que podía generarse. De este modo, nombres como Carlos Tévez, Salvio o Sebastián Villa empezaron a tener mayor protagonismo y su comprensión táctica se notó partido a partido.

En el once titular, Russo también se maneja con Andrada en la portería, aportando una buena salida del balón y visión de juego con el pie, mientras que destaca por salidas rápidas y buena concentración bajo palos. En su línea de 4 en defensa, el lateral derecho Buffarini aporta mucha experiencia, también sabe incorporase al ataque y ser muy intensivo a la hora de marcar y recuperar el balón.

El central derecho Izquierdoz, bueno en el juego aéreo, es muy seguro en las situaciones 1 contra 1, rápido en dar salida al juego y en replegar rápido en una desorganización defensiva. Por su parte, el central izquierdo Alonso se muestra como un defensa fuerte en la marca, temporizador y de buena visión de juego. Cierra el apartado defensivo el lateral izquierdo Fabra, hábil con buena salida y con buena lectura táctica en el cierre de la línea; también atento en los cambios de dirección y en las vigilancias defensivas.

Con su línea defensiva clara en salida y en construcción de juego, Buffarini y Fabra buscan dar amplitud a la línea para generar espacios, en asociación con Joman Campuzano, quien permanentemente garantiza el inicio del juego ubicándose en espacios entre líneas y en diagonales.

La defensa se mantiene como un bloque compacto y, según la presión que realizan, adelantan las líneas. No obstante, su principal característica es la de un acoso intensivo en la presión, generalmente en un 3 contra 2 o 3 contra 1. Tras pérdida su conducta es realizar un repliegue intensivo, o sino recurren a la falta táctica para ganar tiempo en la organización defensiva.

En la línea de medios, Campuzano presenta una gran capacidad de recuperación de balón, garantizando también el inicio del juego. Salvio, volante derecho, facilita el juego por carriles interiores a través de su habilidad con el balón, especialmente desequilibrante en el 1 contra 1 y generador de pases entre líneas.

El volante izquierdo es para Villa, con gran técnica, permanentemente movilizando el ataque y buscando la opción de disparo. Por su parte, Pol Fernández es muy bueno en cambios de ritmo, excelente en los remates, busca hacer diagonales y siempre acompaña el ataque en zona de finalización.

En fase ofensiva, Campuzano garantiza el inicio de juego bajando a línea de defensiva y es el encargado de mantener el equilibrio en ataque. Toma la posición por delante de la línea defensiva para generar una mayor superioridad numérica desde su posición a zona de finalización dentro del sistema 4-1-3-2 (arriba). Asimismo, existe una buena comprensión táctica por parte de Fernández, Salvio y Villa, generando triangulaciones y movimientos que permiten llegar a portería rival en transiciones muy rápidas.

En línea de ataque, Tévez (abajo) destaca por su capacidad para distinguir cuándo debe rematar, conducir o pasar el balón. Suma también una buena lectura táctica para interpretar los desmarques en el área, a través de los cuales genera diferentes apoyos.

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Soldano, por su parte, sabe generarse espacios para el ataque posicionándose a la espalda de los centrales rivales. Y al igual que su compañero Tévez, coordina bien los desmarques y apoyos para sus compañeros. La línea ofensiva, por otro lado, también tiene un papel defensivo: buscan cerrar carril central y el delantero más cercano presiona rápidamente al posesor del balón evitando el avance del rival.

Hasta lo visto ahora, Boca Juniors se ha mostrado como un equipo más dinámico, que se adapta rápidamente a las exigencias del rival y con más variables en fase ofensivas para resolver los momentos más comprometidos de cada partido. Así lo indica su media de casi 3 goles por partido.

Miguel Ángel Russo

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