Fotografía: Sergio Cueto

Míchel González

Pumas, 2019-Presente

Siempre digo lo mismo. Tengo pocos enemigos, pero no descansan nunca.

Cuando hablan de mi etapa en el Real Madrid Castilla dicen que descendimos a Segunda B con un gran grupo de jugadores, pero no hablan de que ese grupo de jugadores lo inventamos nosotros.

Porque la mayoría no jugaban o apenas tenían experiencia en esa competición. Álvaro Negredo, por ejemplo, había jugado solo ocho partidos en Segunda. Borja Valero, Esteban Granero. Casi todos llegaban de Tercera División o estaban en la puerta de salida.

Además, ya siendo director de la academia, creamos una estructura que todavía hoy se mantiene. Todos los jugadores actuales del Madrid que son de la cantera vienen de esa etapa: Lucas Vázquez, Nacho Fernández y Dani Carvajal.

Sergio Cueto

También estaba Álvaro Morata (abajo).

Recuerdo que organizamos un torneo con muchos ojeadores del club, pero dije de seguirlo a él personalmente. Por entonces Álvaro jugaba en las categorías inferiores del Getafe.

Lo fui a ver en directo al campo días antes, y me parecía que era un futbolista fundamental para nosotros. Por supuesto, no me ha sorprendido para nada su desarrollo posterior. Lo que me sorprende es que se haya ido del Real Madrid.

“Como director de la academia del Real Madrid creamos una estructura que todavía hoy se mantiene”

Para mí es fundamental que el caldo de cultivo de un equipo esté fraguado en jugadores de la cantera, porque, aunque cada vez todo va más rápido, los valores todavía están presentes.

Basta con ver los clubes que más éxito han tenido. No solo en España, en toda Europa también. Por ejemplo, el Manchester United que ganó el triplete con Sir Alex Ferguson tenía ocho jugadores de la cantera. O más recientemente el Barcelona, Real Madrid o Atlético de Madrid. Parece algo nostálgico, pero la cantera es fundamental.

Ángel Martínez/Getty Images

Después, mi salida del Madrid se produjo por una disociación de ideas. Yo pensaba que estaba para una cosa y no era así. No había acuerdo entre cómo lo veía el presidente (Ramón Calderón) y como lo veía yo. Por supuesto, el único que podía irse era yo.

La primera oportunidad de entrenar en Primera División llegó del Getafe en 2009. Faltando cinco partidos para el final de Liga y en ese momento el equipo a un punto del descenso. Ángel Torres, el presidente, me llamó al teléfono. Esa misma tarde habían cesado al entrenador, Víctor Muñoz.

“Míchel ¿quieres entrenar?”, me dijo.

Yo respondí: “¿A qué hora entrenamos mañana?”

Por supuesto que cuando tienes una oferta mides el riesgo de tu decisión, pero muchas veces no pienso en eso. En mi caso, cuando decido ir a un equipo es porque creo en ello, sino no tiene sentido hacerlo.

“Mi salida del Madrid se produjo por una disociación de ideas con el presidente (Ramón Calderón)”

Perdimos el primer partido, pero luego conseguimos dos victorias y dos empates. Nunca entramos en puestos de descenso, ni siquiera la última jornada en Santander ante el Racing donde teníamos que empatar para no caer al descenso.

Después de salvarnos, en el aeropuerto camino a Madrid se me acercó Ángel Torres. “¿Qué?, ¿te quedas con nosotros?”.

Le dije que hablábamos el día siguiente, que disfrutara del momento. Pero ya en mi cabeza, aunque no tenía contrato, estaba pensando en la siguiente temporada.

Clive Rose/Getty Images

Decidimos mantener a casi toda la plantilla, incorporando como fichaje estrella a Pedro León, quien enlazó a la perfección con Manu del Moral y Roberto Soldado. Entre los tres pasaron de los treinta goles. Eso fue muy bueno para nosotros, permitiéndonos alcanzar la clasificación para la Europa League.

En la siguiente temporada, 2010-11, sin embargo, tuvimos que salvarnos en la última jornada. Habíamos jugado la Europa League y la plantilla se resintió bastante a nivel físico en La Liga.

Esos momentos, en los que te juegas la salvación, es lo más trágico en el fútbol. Porque ganar títulos está muy bien, es alegría, pero no trae las consecuencias que sí tiene un descenso. Para todo el mundo es muy duro jugarse un descenso y la posibilidad de cambiar de vida a nivel profesional.

“Los momentos en los que te juegas la salvación es lo más trágico en el fútbol”

En ese tipo de situaciones siempre mantengo una máxima: intento estar lo más tranquilo posible. Meter toda la energía en mi trabajo porque el primero al que ven los jugadores es al entrenador. Y si te ven dudoso, los jugadores lo notan. Son muy listos para eso.

Mi relación con ellos es sincera, quiero que se autorregulen ellos. No entro en el vestuario para vigilar. Ya saben lo que hay. No hay nada mejor para evaluar al futbolista que el entrenamiento diario. Ahí te das cuenta del que está bien, el que quiere hacer cosas o el que no se cuida.

Denis Doyle/Getty Images

Decía Fabio Capello (arriba) una cosa que era cierta. En su época en el Madrid, la gente hablaba mucho sobre que Davor Suker y Pedja Mijatovic no se cuidaban.

Y Capello respondía que, si un jugador no aguantaba sus entrenamientos, no jugaría con él. Suker y Mijatovic los aguantaban. “Así que juegan. Yo ya no tengo edad para salir detrás de ellos”, decía Capello.

Pero en el fútbol, no todo siempre funciona por más que lo intentes. Mi primera parte en el Sevilla no fue una mala época, pero sí el año siguiente. Detrás de mí salieron 14 jugadores, añadido a una inestabilidad social en el club. No eran tiempos fáciles. Lo he hablado con Monchi -director deportivo del club- muchas veces después. Creo que ese verano podíamos haber hecho muchas cosas más, porque el Sevilla es un equipo grande.

“Mi relación con los jugadores es sincera, quiero que se autorregulen ellos; no entro en el vestuario para vigilar”

La firma con Olympiacos fue muy rápida. Yo no tenía miedo de trabajar fuera. Primero, a mediados de enero, fue la llamada de Darko Kovacevic, ex jugador de la Real Sociedad, y una semana después estaba cenando con él en mi casa. Y a la siguiente comiendo con el presidente de Olympiacos, Vangelis Marinakis.

Él me dijo que fuera en junio. Pero le señalé que no, que quería entrenar los últimos tres meses de la temporada 2012/13. “Si usted quiere no me pague, pero quiero ver cómo funciona todo para ir dando mi opinión”.

Me quería probar en un equipo que jugaba a ser campeón y por ahí mis críticos pueden decir: “Sí, pero ganar en Grecia y con Olympiacos”.

Sí, pero una de las primeras frases que dije al llegar a club es que para ser el mejor equipo de Grecia no hacía falta contratar a un entrenador bueno, malo o regular.

Laurence Griffiths/Getty Images

Teníamos un reto que iba más allá de eso. Tratamos de poner al equipo en el escenario internacional -estuvimos muy cerca de eliminar al Manchester United en octavos de final de la Champions League de 2014 (arriba)- y potenciar al futbolista griego.

No solo ganamos. También jugamos muy bien. Y, al mismo tiempo, teniendo que reconstruir la plantilla cada temporada porque cada año vendíamos a muchos jugadores.

La gente estaba muy contenta. Tuvimos un recorrido magnífico. Eso nos hizo disfrutar de la situación, pero siempre siendo consciente de que cualquier día, de la noche a la mañana, te puede tocar salir. Como así pasó.

“En Olympiacos tratamos de poner al equipo en el escenario internacional y potenciar al futbolista griego”

Y como ocurre una cosa, llega otra. En mi fichaje por el Olympique de Marsella recuerdo estar en la playa. Marcelo Bielsa había dimitido. Después me di cuenta de que lo hizo por los mismos problemas que me encontraría yo después.

Me preguntaron si quería ir a allí y les dije que sí. El Olympique es un gran club, pero en ese momento estaba dirigido por una persona, el presidente, que no tenía mucha capacidad. Se apartó de la tradición del club, de los jugadores, de la ciudad de Marsella y de cómo vive el fútbol la gente. Por suerte, y me alegro mucho, desde el cambio de propietarios el equipo está donde se merece, entre los mejores de Francia.

Sergio Cueto

Mi último club hasta ahora en España fue el Málaga.

Tenía la posibilidad de ir a otros sitios. De hecho, estuve negociando antes con otro equipo y ya estaba todo listo para incorporarme. Sin embargo, horas antes de empezar a entrenar cambiaron todo lo que habíamos hablado en la reunión. E incluso la noche anterior a firmar por el Málaga me llegó otra oferta del extranjero, pero tenía claro que quería entrenar al Málaga.

Me gustaba el equipo, los jugadores e intuía algo que luego comprobé: es una ciudad futbolera al cien por cien. No lo dudé. A pesar de que la situación deportiva era mala, llegué con la misma seguridad que en el Getafe. Sabía que lo íbamos a hacer bien para salvarnos.

“Tuve la posibilidad de ir a otros sitios, pero tenía claro que quería entrenar al Málaga”

Llegamos en el puesto 16 y acabamos en el 11. La sensación era que había llegado al sitio adecuado en el momento idóneo, con la gran esperanza de que el Málaga fuese un ‘Súper Dépor’ o un Villarreal en un corto espacio de tiempo. Sin embargo, no pudo ser, ya que la dirección del equipo tenía otros planes…

Con el objetivo de la salvación conseguido, el final de Liga fue ante el Real Madrid (abajo), con ellos jugándose el título. Hubo personas que pusieron en duda mi profesionalidad como entrenador por mi pasado en el Madrid.

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Creo que la gente que habla en esos términos sobre deportistas no le interesa el deporte. No conocen cómo es un equipo por dentro y el trabajo que hacemos. Ni siquiera conocían a los jugadores.

Y, sobre todo, no conocían una cosa de mi carácter que aprendí en una casa como el Madrid.

Allí te enseñan a ganar.

Entonces, ¿cómo les iba decir a mis jugadores que no jugaran a ganar ese partido? Acabaría con los valores que me habían enseñado desde niño.

“Cuando eres entrenador te das cuenta de que eres un globo al que todo el mundo quiere pinchar”

El último tramo en Málaga fue duro. Desde el final de la Liga hasta que empezamos en agosto la nueva temporada contra el Eibar hubo muchas situaciones que insinuaban lo que iba a pasar después.

Yo soy una persona bastante corporativa. No intento pasar por encima de nadie, ni entro en lo que hace cada uno en su parcela de trabajo. Pero sí que es cierto que cuando eres entrenador te das cuenta de que eres un globo al que todo el mundo quiere pinchar. Debes tener respuestas para todo. Aunque no te corresponda.

Héctor Viva/Getty Images

Me tomé la situación con calma y sensatez.

No era fácil recibir en pretemporada la visita de los jugadores en tu habitación del hotel para decirte que no te fueras. Y no lo hice, porque era un compromiso que tenía con ellos. Aún intuyendo lo que podría pasar después, efectivamente finalizando mi etapa con el club a mediados de temporada.

Mi compromiso sigue siendo igual en esta etapa en México. Porque si hay algo que me hace sentirme satisfecho como entrenador, es la gran relación que he tenido con los jugadores y los trabajadores del club en todos los sitios que he estado.

Sin duda, me quedo con eso por encima de todo.

Míchel González

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