Fotografía: Sergio Cueto

Mauricio Pellegrino

Valencia 2012, Estudiantes 2013-2015, Independiente 2015-2016, Alavés 2016-2017, Southampton 2017-2018 y Leganés 2018-2019

Uno de mis propósitos como director técnico es intentar transmitir a mis jugadores la ayuda que yo recibí de mis entrenadores.

Siempre traté de sacar lo mejor de las personas que tuve al lado. No solo su trabajo en el campo, sino también a nivel de comportamiento, de los detalles, de cómo manejaban diferentes situaciones a nivel humano.

Todo eso me sirvió para tener cierta experiencia

Puedo decir que los entrenadores que más me influyeron fueron Louis Van Gaal –en el Barcelona- y Rafa Benítez –en el Valencia y Liverpool-.

Me gustaba mucho sus dinámicas de trabajo. Y al día de hoy son las que, a nivel práctico, aplico más con mis jugadores.

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Luego, fue después de mi periplo con Rafa Benítez, como su ayudante en el Liverpool y en el Inter de Milán, que empecé a sentir que quería probar por mi cuenta. Así que se puede decir que mi vocación de entrenar nació de una necesidad.

Rafa fue el que me dio la oportunidad de trabajar con jugadores profesionales. Dirigir entrenamientos, el día a día con ellos y conocer también desde dentro su metodología. Y ese ejercicio de “ensayo-error” me dio confianza para empezar solo.

“Los entrenadores que más me influyeron fueron Louis Van Gaal Rafa Benítez y Liverpool”

La primera parada fue Valencia en 2012, un club al que me unía mi vínculo como jugador durante varios años, disfrutando grandes momentos.

Esa primera oportunidad me ofreció una perspectiva de lo que era entrenar. Cuando uno ve las cosas desde fuera, todo parece mucho más sencillo. Pero cuando tienes el peso sobre esas 25 cabezas, la mentalidad del equipo, manejar sus actitudes o la disciplina, obviamente que la responsabilidad es totalmente diferente.

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Desafortunadamente fue un tiempo corto, pero esos seis meses en el cargo también me hicieron tomar esta profesión realmente como lo que es.

Los entrenadores necesitamos los resultados para poder vivir. Y por mucho que quieras controlar todas las cosas –las disciplinas, los jugadores que puedes fichar, la táctica, las reglas con las que convivimos, la metodología, los ejercicios…-, al final, el resultado no lo puedes controlar.

Ahí es donde como entrenador debes tener esa capacidad para saber digerir esos momentos difíciles. Porque en la mayoría de los equipos son más los momentos difíciles que los buenos o exitosos.

“Los entrenadores necesitamos los resultados para poder vivir”

De mi etapa en el Valencia sí me queda por ahí la espina de no ver el desarrollo que hubiera tenido a futuro un equipo que estaba ya clasificado para la siguiente ronda de Champions League, la Copa del Rey y que estaba en la mitad de la tabla, después de un inicio difícil.

Pero no tuvimos un par de resultados buenos y eso desencadenó mi salida. Con el tiempo, uno ve que es una película que se repitió también con los siguientes entrenadores.

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Tal vez puedas pensar que hubiera sido mejor empezar por otro camino, en un equipo de una exigencia no tal alta como la que demanda el Valencia. Pero una de las cosas que aprendí desde el primer momento fue no hacer planes de empezar de menos a más.

Porque hay entrenadores que han empezado a más y se han quedado ahí. Pero también hay entrenadores que han empezado de menos y no han tenido la oportunidad de seguir avanzando en grandes clubes. Yo creo que en el 98% de los casos vamos donde tenemos la posibilidad. Y así ocurrió con Argentina. Sin más, no fue planeado.

“Es un gran ambiente cómo se vive nuestro deporte en Argentina y cómo culturalmente el futbolista entiende la profesión”

Me llamó Estudiantes y acepté porque fueron los que me dieron la oportunidad. Veía un gran margen en este equipo para mejorar. Estuve dos años fantásticos. Lo mismo fue con Independiente.

Me encanta el fútbol argentino, porque siento que tenemos muchísimas cosas por mejorar. Y es un gran ambiente cómo se vive nuestro deporte y cómo culturalmente el futbolista entiende la profesión.

Esa etapa me ayudó para seguir creciendo, adaptándome a situaciones distintas a las que puedes tener como entrenador en Europa. Menos medios, diferentes filosofías, otra pasión….

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Después de Argentina volví de vuelta a España, también a un club en el que había jugado: El Alavés. Allí terminé mis años como futbolista.

Siempre recuerdo esa ciudad con muchísimo cariño. El equipo estaba recién ascendido a Primera, después de varios años en Segunda. Logramos una buena clasificación en la tabla y alcanzar la final de Copa del Rey en 2017.

No ganamos al Barcelona, pero para poder hacerlo contra esos equipos necesitas tener un día perfecto. Con el 2-1 en contra estuvimos competiendo hasta el final, y eso es lo que nos queda. A pesar de la derrota, fue un año magnífico, donde pude disfrutar mucho como entrenador.

“En esto no hay una fórmula que te garantice el éxito. Si la hubiera entonces los entrenadores nunca perderíamos”

Siempre he dicho que los mejores lugares para trabajar son España e Inglaterra. Lo había hecho en España como jugador y entrenador, y tenía ganas de intentarlo en Inglaterra, en esta nueva etapa.

Yo conocía cómo se vive el fútbol allí de mi paso por el Liverpool. El respeto a todo, a todos los profesionales.

No podré olvidar un día la llegada a Anfield. Llevábamos cinco partidos seguidos sin ganar. Para un club grande como el Liverpool eso es algo dramático, pero al llegar al estadio, desde el autobús, vimos que la gente nos había preparado un “banderazo”. Un momento increíble, que habla de cómo se vive el fútbol en Inglaterra.

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Llegado el momento cuando me reuní en el Southampton con el Director General y el Secretario Técnico, me presentaron un proyecto muy ambicioso. Un equipo con una gran infraestructura, poderío y capacidad de firmar jugadores. Era un lugar muy bueno para trabajar de entrenador, para seguir desarrollándome.

Luego, la temporada fue de más a menos, concluyendo mi etapa en el club a falta de ocho jornadas para el final. Algunos aspectos los manejamos bien, pero en otros, obviamente cometimos errores. Porque en esto no hay una fórmula que te garantice el éxito. Si la hubiera entonces los entrenadores nunca perderíamos.

“Southampton era un lugar muy bueno para trabajar de entrenador, para seguir desarrollándome”

Pero sí creo en una manera de trabajar. Y para mí eso pasa para por crear hábitos de exigencia en los jugadores. Exigirnos contra nosotros mismos, que somos muchas veces los principales adversarios, y romper esas barreras para tratar de ser cada vez mejor.

Al margen de los resultados, siempre tengo una mirada optimista sobre este juego. Creo muchísimo en la mejora de los grupos humanos.

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Uno a nivel individual tiene un techo, pero a nivel de conexión con otra gente, de compañeros, de conocimientos, de sentirse más cómodo con el otro, creo que eso es ilimitado.

Resuelto el modo de trabajar, luego está la otra gran pregunta. “¿Qué quiero plasmar como entrenador?”

Recuerdo hacerme esa interrogante en los primeros pasos, cuando estaba entrenando con un equipo de chicos de 13 y 14  años en la Escuela de fútbol de Eliana, en Valencia, poco tiempo después de dejar de jugar.

Muchas veces casi hasta te obligan a tener un estilo definido, pero eso viene de la concepción que se alimenta desde los medios, en la que el foco casi siempre está en los grandes equipos.

De tener una mirada casi siempre de dominación sobre el resto de los rivales.

Sergio Cueto

Pero qué pasa cuando el rival es mejor que tú en todo. ¿Qué haces entonces?

Es ahí cuando agarró una frase que escuche una vez a un entrenador. No recuerdo de quién viene, pero sí que dice que entrenar es un hacer un traje a medida del jugador.

Si eres mejor que tus rivales, cualquier traje te quedará bien. Pero si compites con un equipo inferior a tu rival, no te queda otra que encontrar un punto intermedio entre lo que tú crees y la naturaleza de tus futbolistas.

Eso es el traje a medida. Adaptarte a las situaciones y a los futbolistas que tienes.

Siempre con el objetivo de ayudarlos, como me lo hicieron sentir mis entrenadores.

Mauricio Pellegrino

Mauricio Pellegrino

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