Fotografía: Jon Enoch

Marta Tejedor

Birmingham 2019-Presente

Fue gracioso porque en Chile “guglearon” algo así como entrenadora, española, fútbol…

Se habían postulado para organizar el Mundial Sub-20 de 2008 y cuando la FIFA les concedió la sede recibieron la clasificación de manera automática. Entonces se dieron cuenta que habían cumplido con lo administrativo, pero en lo deportivo todo estaba sin hacer.

Tanto que hasta no tenían entrenador.  La Federación quería preferentemente que fuera mujer y de habla hispana.

Un año antes yo había terminado mis estudios de entrenadora y había sido la primera en mi promoción.

Eso fue muy sonado en la prensa española. La típica comparación. La lucha feminista. “Mujer sabe más de fútbol que los hombres”.

En Chile se encontraron esa noticia en internet y dijeron: “Vamos a por ella”. Me llamaron un día a las 4 de la mañana.  “Somos de Chile, estamos buscando entrenadora. ¿Te interesaría?”.

“Pues puede ser”, dije medio dormida y no me acordé más de esa llamada.

Jon Enoch

Un par de semanas después volvieron a comunicarse a las 3 de la mañana.  Yo no había vuelto a pensar en ello.

Les dije que tenía mi vida en España.  “No os conozco de nada. Invitadme, voy y hablamos”.

Colgué y lo mismo que la primera vez. No le di ningún crédito. A los pocos días me llegó un pasaje de avión.

“¡Ostra, que esto va en serio!”.

Fui a conocerles y también fue muy anecdótico. Me gustó mucho el proyecto, pero me alojaron en una zona de la ciudad que no era muy buena. No iba de vuelta a España muy convencida.

“En ese momento (en Chile) mi mundo, mi gente y mi familia eran las jugadoras”

Les dije que lo pensaría y me fui al aeropuerto, pero no pudimos despegar porque se estropeó una pieza del avión. El vuelo se demoró como dos o tres días en salir.

La compañía aérea me realojó en otra zona totalmente distinta de la ciudad.  Y ahí me dije: “Aquí sí viviría”. Entonces, si no se hubiera roto la pieza del avión, yo seguramente les hubiese dicho que no.

Al final dices que no crees en el destino, pero parece hecho por el destino.

El desafío era muy interesante para mí, la oportunidad de jugar un Mundial era increíble, todo el entorno era muy atractivo porque Chile en ese momento tenía una presidenta mujer, Michelle Bachelet (abajo), que tenía una hija que jugaba fútbol.  No en esa selección, porque la selección era Sub-20 y la hija era mayor, pero Bachelet estaba muy volcada con todo el tema del deporte y la mujer, las oportunidades…

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Tuvimos un año y medio para formar un equipo, pero partiendo de la nada. De ese equipo y de las que fueron viniendo un poquito después del Mundial – pero de todo el bloque que yo trabajé – de las 23 chilenas que clasificaron al Mundial de este año en Francia, 18 vienen de esa etapa.

En ese momento yo no tenía familia. Mi mundo, mi gente y mi familia eran ellas.

Jugamos el Mundial Sub-20. Siendo realistas nosotras no estábamos para tutear prácticamente a nadie. De hecho, los mundiales juveniles Sub-17 y Sub-20 suelen ir a países en crecimiento y los equipos locales suelen recibir grandes goleadas.

Por eso, uno de mis objetivos era dar pelea, no hacer el ridículo y, en ese sentido, nos fue bien. Perdimos frente a Inglaterra 2-0, con Nueva Zelanda 4-3 y 2-0 ante Nigeria.

No nos clasificamos, pero fuimos relativamente competitivas. Creo que era lo tenía que ser. Todos hubiéramos querido soñar más, pero no daba para más.

“Soy muy trotamundos. Me gustan mucho los desafíos, las situaciones nuevas. Me gusta conocer”

Me renovaron contrato para llevar a la selección adulta y estuve tres años y medio más. Nos clasificamos por primera vez para unos Panamericanos y quedamos terceras en la Copa América, después de ser penúltimas en la edición previa.

Nos quedamos a un gol de entrar en un Mundial y en unos Juegos Olímpicos. Hicimos una evolución muy buena.

En el 2010 terminó el mandato de Harold Mayne-Nicholl, el presidente que me contrató a mí y que tanto apostó por el fútbol femenino. Cambió la directiva de la Federación y los que vinieron no quisieron invertir en fútbol femenino.

Estuve cinco años en total.

Tengo un hijo chileno, soy enamorada de Chile. Me encanta el país, la cultura, la gente es muy hospitalaria. Tengo muy buenos recuerdos de Chile.

Dean Mouhtaropoulos/Getty Images

De ahí regresé a España. Me puse a trabajar en una universidad, dictando clases y me llamó Perú. Inicialmente tenían la idea de hacer algo parecido a Chile. Me interesó y firmé un contrato de tres años. Otra aventura.

Sin embargo, en Perú había ganas, pero todo eran obstáculos, dificultades. Aprendí mucho, porque de las dificultades se aprende, pero no se dieron las circunstancias como para contra-prestarlo con también buenos momentos.

Volví a España al terminar el contrato e inmediatamente recibí una oferta de trabajo del Club Deportivo Tacón, de la Segunda División. Firmé por dos años. El primero quedamos segundos. El segundo, primeros. Jugamos la promoción. Perdimos la final y no ascendimos.

Tenía la sensación de que el tercer año iba a ser más de los mismo y yo quería un cambio. Soy muy trotamundos. Me gustan mucho lo desafíos, las situaciones nuevas. Me gusta conocer.

Y durante todo este tiempo que te cuento, desde que vivía en Chile, yo siempre había trabajado para la FIFA dando cursos por el mundo.  Me dije: “Bueno, mientras tengo alguna oportunidad o mientras decido lo que voy a hacer, me entrego un poquito más a la FIFA”.

Hasta ese momento yo nunca tuve representante. Yo confío en que cuando es el momento, la oportunidad llega.

Y así pasó. Yo había entablado conversaciones con la Federación China para ayudarles en la gestión de sus cuerpos técnicos y, en el medio de esa relación, el entrenador del Birmingham recibió una oferta de Estados Unidos, de Orlando.

El Birmingham necesitaba cubrir ese puesto y coincidió que los dueños del club también son chinos. De alguna manera, ellos hablaron con la Federación china. Ellos me recomendaron y el club me ofreció esta posición.  Yo llevaba seis meses sin entrenar, pero ya lo estaba echando de menos.

Ahora, a nivel global, el fútbol femenino está viviendo una época de auge absoluto, acompañado un poco con, no sé si llamarlo movimiento feminista, o quizás simplemente de reconocimiento de la necesidad de la igualdad.

Muchos clubes y muchos países han encontrado fórmulas según las cuales el fútbol femenino sí interesa, sí llena estadios, sí es seguido por televisión y está generando un cambio muy importante.

En España está siendo especialmente exitoso y llevamos un par de años increíbles. El año pasado fuimos campeonas de Europa Sub-17 y Sub-19, y subcampeonas del mundo Sub-20. Este año somos campeonas del mundo Sub-17. Y el Barcelona ha conseguido llegar a la final de la Champions. Por primera vez un equipo español.

Estamos a la gran expectativa sobre lo que harán en el Mundial. Yo creo que, si la selección femenina pasa la primera ronda y quizás un poquito más, eso va a situar a España en todo su conjunto de categorías menores quizás como el número uno de las potencias mundiales.

Es algo que a mí me tiene contentísima y creo que detrás de todo esto hay un cambio social, educacional, de políticas. Para mí es el disparo inicial, por así decirlo. Abrirse al fútbol mixto.

Jon Enoch

Creo que  el detonante fue cuando España abrió la posibilidad a que, por debajo de cierta edad, que son los 14 años, ya no hablamos nunca más de niña o niño. Hablamos de futbolista y no tiene género.

Todo muy distinto a cuando yo jugaba de niña. Recuerdo que cuando tenía 13 años leí en un periódico que una jugadora canaria – yo vivía en Canarias – había sido convocada a la selección nacional.

Ahí recién me di cuenta que había fútbol para chicas organizado porque eso no lo sabía. Lo que yo veía en la tele era fútbol masculino.

El fútbol femenino no tenía ninguna visibilidad.

Afortunadamente, yo había crecido en un edificio que tenía debajo una canchita de fútbol. Yo siempre digo que si hubiera sido de tenis, yo hubiese sido tenista.  Yo era la típica niña motriz.

Influyó muchísimo que mis padres tenían una mentalidad muy abierta y la siguen teniendo. Nunca hicieron discriminación en la educación entre mis hermanos y yo. Todos poníamos la mesa, todos hacíamos la cama, todos repartíamos las labores. Éramos todos iguales.

Y jugábamos al fútbol.

Eso fue muy positivo porque realmente no llegué a darme cuenta de que había un prejuicio en contra del fútbol, que era supuestamente de hombres, hasta más tarde.

Suelo decir que cuando me enteré ya era demasiado tarde.

Me gustaba demasiado.

Marta Tejedor