Fotografía: Richard Heathcote/Getty Images

César Mendiondo

Asistente técnico de la Selección española: 2004-2008

Cuando nadie creía en la Selección, Luis Aragonés estaba convencido de que ganaríamos la Eurocopa de 2008.

Y fue él quien terminó de convencernos a todos de que era posible. A los jugadores y al cuerpo técnico.

A su manera, siendo Luis al cien por cien. El mismo que yo conocí por primera vez con solo 17 años, cuando  apenas era un chaval.

Fue el día de la huelga del fútbol en 1984 –el 9 de septiembre-. Los jugadores luchaban entonces por conseguir unos derechos y los integrantes del primer equipo del Atlético de Madrid, como hicieron también los otros equipos, decidieron no jugar.

Sin embargo, la Liga no paró y el club nos dijo que teníamos que jugar los juveniles. Ante Osasuna, en el Vicente Calderón.

Fotografía cortesía de César Mendiondo

De ese día hay una imagen que no olvidaré nunca.

Llegamos al vestuario y ahí estaba Luis en el centro. Esperándonos. Una figura que para chicos tan jóvenes como nosotros imponía mucho respeto. Porque Luis ya era por entonces una de las grandes personalidades del Atlético de Madrid y del fútbol español. Un referente.

Desde entonces, de algún modo, nuestros caminos siempre estuvieron cruzados.

Al año siguiente de eso, yo me fui a jugar primero al Rayo Vallecano y más tarde al Espanyol de Barcelona.

“A Luis no se le escapaba nada, veía lo que estaba sucediendo o incluso lo que podía suceder si no arreglaba algo”

Luis, mientras tanto, se quedó en el Atlético, pero unos años después nos encontramos de nuevo cuando él firmó por el Espanyol. Y cuando dejé el fútbol, para mi sorpresa, me reclamó para que trabajara en el Atlético de Madrid con él, como su ayudante de campo y analista.

También lo hizo cuando firmó con la Selección.

 Yo seguía en el Atlético, y un día me llamó.

“César, ¿te vienes conmigo?”, me dijo.

Obviamente acepté la propuesta, para acompañarlo también después en el Fenerbahce (abajo) como segundo entrenador en su última etapa en Turquía.

Fotografía cortesía de César Mendiondo

Como ayudante del primer entrenador sabes que tu función es participar en la labor de diseño de entrenamientos y las diferentes tareas. También ayudar al entrenador si ves que está pasando algo y a él se le ha podido escapar.

Pero en el caso de Luis esto último no pasaba nunca. No se le escapaba nada. Él veía lo que estaba sucediendo o incluso lo que podía suceder si no arreglaba algo.

El manejo del partido es algo fundamental para ser un gran entrenador, y ahí Luis era un visionario.

Sabía perfectamente lo que necesitaba el futbolista en cada momento porque él había sido jugador -uno de los mejores para mí – antes que entrenador. Por su experiencia sabía qué tenía en la cabeza el futbolista en cada momento.

En definitiva, en el campo pensaba como un jugador, y fuera del césped mantenía con ellos una relación muy cercana.

“Si veía a un jugador, se iba a hablar con él. Con todos, sin hacer distinciones. El grupo era lo más importante”

Así fue construyendo esa Selección, con una continua comunicación con los jugadores.

Y cuando digo continua no exagero. Porque Luis dormía muy poco. Así te lo podías encontrar dando vueltas por el hotel a cualquier hora. Si veía a un jugador, se iba a hablar con él. Con todos, sin hacer distinciones. El grupo era lo más importante.

Yo ya sabía cómo eran esas conversaciones con ellos. Las había vivido antes.

Desde la distancia parecía un hombre que no le gustaba hablar, pero él utilizaba muy bien sus herramientas. Poco a poco te iba diciendo cosas. No eran mensajes muy largos, sino cortos, pero te situaba en el campo y en lo que tenías que hacer.

Con “ha llegado nuestro momento; vamos a ganar la Eurocopa” finalizaba todas esas conversaciones.

Esa fe en los jugadores consiguió llevarlos hasta cotas insospechadas para la mayoría, pero él sabía que tenían ese nivel.

Un nivel que dieron para ganar la Eurocopa de forma de brillante, y con un nuevo estilo.

Sin embargo, cambiar la “Furia Española” por el “tiqui-taca” no fue sencillo. Por momentos llegó a ser muy duro. Bastante duro para él. En lo deportivo y hasta en lo personal.

Empezamos muy mal la clasificación para la Eurocopa, perdiendo los dos primeros partidos, en Irlanda del Norte y contra Suecia. Eso nos hizo empezar con un gran déficit.

Yo creo que es ahí cuando Luis decide que el estilo debía cambiar. Una idea que rumiaba desde la eliminatoria en el Mundial 2006 ante Francia, cuando se dio cuenta de que no podíamos competir físicamente con selecciones como Francia o Alemania.

Denis Doyle/Getty Images

Entonces decidió renovar a la Selección con la salida de varios jugadores. De esos momentos creo que a Luis le castigó mucho la prensa con el tema de Raúl.

También salieron muchos otros grandes jugadores que habían dado mucho a la Selección, como Michel Salgado, David Albelda, Santiago Cañizares…, pero se personificó en un jugador que ha sido un grande y lógicamente tenía muchos adeptos. Y en medio se emprendía una renovación, pero una renovación sin tiempo, porque teníamos que empezar a ganar sí o sí.

No sé si con los que se fueron España también habría sido campeona. Puede ser que sí, pero la realidad es que Luis demostró con hechos que sus decisiones habían sido acertadas.

Y las tomó no por ninguna cuestión personal, como se llegó a decir en algún momento en la prensa. Luis simplemente creía que había jugadores que estaban mejor ese momento, como así se demostró.

“Le castigó mucho la prensa con el tema de Raúl. Salieron más jugadores, pero se personificó en un jugador que tenía muchos adeptos”

Una Eurocopa donde el partido más importante no fue la final, sino el choque contra Italia en los cuartos de final.

Llegamos a los penaltis, esa instancia que siempre nos había dejado fuera de las grandes competiciones.

Ahí, después de mucho tiempo, por fin tuvimos un poquito de fortuna para pasar a las semifinales.

Después todo fue sobre ruedas, porque los jugadores fueron subiendo en su optimismo.

Se generó esa capacidad para creerte las cosas y para ser capaz de hacerlas. Un vínculo entre los jugadores y el entrenador.

Se podía sentir en la concentración.

Clive Rose/Getty Images

Ganar la final ante Alemania fue un baño de felicidad, aunque un tanto triste también.

Sabíamos que la etapa de Luis en la Selección terminaba ahí.

En algún momento durante la fase de clasificación, él dijo que no iba a continuar, pero no había firmado nada con otro equipo.

La situación fue que llegamos a la Eurocopa y empezamos a ganar. Y entre tanto Luis se enteró de que desde la Federación habían hablado con Vicente del Bosque. Creo que eso le hizo confirmarse en su idea de que debía irse.

Después se ganó el campeonato y entonces todo el mundo quería que se quedara. Incluso tuvo llamadas de gente muy importante de fuera del mundo del fútbol pidiéndole que cambiara de opinión.

Pero no hubo manera. No había vuelta atrás.

Luis, en esa transición de la que hablo durante la Eurocopa, firmó su contrato con el Fenerbahce, y era un hombre de palabra.

Se mantuvo en su decisión, aunque le hubiera gustado seguir porque amaba a la Selección.

Y estaba convencido de una cosa más.

Que ese equipo también iba a ganar el Mundial de Sudáfrica.

César Mendiondo

César Mendiondo

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