Fotografía: Sergio Cueto

Jorge Vilda

Seleccionador femenino de España, 2015-Presente

Hay que conocer el barro. 

Trabajar en las categorías inferiores es lo que te forma como entrenador.

Ese fue mi primer paso en un camino que me ha llevado hasta la Selección. Un nombramiento, por cierto, del que me enteré en una situación curiosa.

Estaba en la piscina y apareció mi mujer para decirme que me estaban llamando de la Federación. Salí rápidamente del agua. Me acuerdo que hasta se mojó el teléfono.

“Se va a hacer público hoy”, me dijeron. “Mañana hablamos de todo, pero que sepas que se va a hacer público que eres el nuevo seleccionador del equipo absoluto”.

“Adelante”, respondí. Y así se hizo. La primera persona en saberlo, obviamente, fue mi mujer. Luego llamé a mi padre (Jorge Vilda). Se puso muy contento.

La oportunidad no me llegó como una carga de gran responsabilidad. Al contrario. Fue ilusión y ganas de empezar. Tenía mucha seguridad en el equipo y en lo que se podía hacer. Aunque tocó empezar fuerte: había programados dos partidos ante China, una de las mejores selecciones del mundo. El equipo respondió bien, ganando los dos partidos en estadios repletos.

Clint Hughes / Getty

Ya han pasado tres años de ese momento y estoy contento con lo que hemos conseguido hasta ahora.

En estos momentos el fútbol femenino está en expansión, aunque todavía al principio de su desarrollo.

Nuestra evolución ha sido distinta a la de otros países. El primer partido oficial con la selección femenina en España se jugó en 1983. En Alemania fue en el 71. Nos sacan doce años de ventaja. Y ya en ese año 71, en Alemania había 40.000 jugadoras con licencia. Nosotros ahora estamos en 44.000.

“Somos un equipo que nos gusta atacar. También tener la posesión del balón, pero sin renunciar al contragolpe”

Pero no se trata de hacer comparaciones. Cada país tiene su ritmo y cultura.  Lo bueno es que tenemos que ver el presente y el futuro próximo, que es muy alentador.

Eso se ha conseguido a través de tres claves básicas.

Uno son los éxitos nacionales, tanto a nivel de categorías inferiores como la selección absoluta. Fue muy importante meterse en el Mundial de Canadá y en la Eurocopa por segunda vez. En categorías inferiores estamos siendo campeonas de Europa, subcampeonas… Consiguiendo también grandes resultados en los Mundiales.

Por otro lado, están los clubes que definitivamente han apostado por el fútbol femenino y lo están incluyendo en la sección profesional. Ya hay unos cuantos que lo hacen. Por último, la visibilidad. Gracias al trabajo de los sponsors y de mucha gente, los partidos televisados acercan el fútbol a las niñas. Al contrario que pasaba antes, ya tienen referentes. Esas tres claves son básicas para el desarrollo.

Sergio Cueto

Mientras tanto, en la Selección llevamos diez años trabajando sobre una misma filosofía de juego. Hay jugadoras en la absoluta que llevan conmigo desde la Sub 17. Años y años escuchando un tipo de juego. Siempre en el mismo sentido. De este modo, cada vez que vienen no tengo que empezar por la “A”. Ya lo conocen. Diría que vamos por la versión 10.7 de nuestro modelo.

Todo ese trabajo es el que llevamos adelantado, porque aquí, al contrario de lo que ocurre en los clubes, tenemos poco tiempo. Cada concentración son tres entrenamientos y luego juegas el partido. Se trata de conseguir que las selecciones funcionen como equipo. Costó ponerlo en marcha, pero apostamos por esa idea sabiendo que funcionaría.

“Mi principal referente es mi padre. Me lo ha enseñado todo”

Una filosofía de juego ofensivo. Nos gusta atacar. También tener la posesión del balón, pero sin renunciar al contragolpe. En la captación desde las categorías inferiores priman las jugadoras con calidad técnica y táctica. Muy por encima de lo físico. Nosotros no elegimos a las jugadoras por peso o talla. Ni por el número de kilómetros recorridos. Eso ya vendrá luego.

Karina Hessland/ Getty

Quise empezar en los banquillos en el momento que dejé de jugar al fútbol. Fue apenas con 17 años y tras sufrir dos lesiones en el tendón rotuliano.

Había jugado cuatro años en el FC Barcelona, un año en el Rayo Vallecano y era mi segundo en el Real Madrid. Estaba en la pretemporada y me volví a lesionar. Fue un momento muy difícil.

Pero el doctor también me lo puso claro. Me dijo que iba a ser muy complicado que rindiera a nivel profesional tal y como tenía las rodillas. Todavía hoy, cuando me paso haciendo deporte, me dan un aviso.

Con la ayuda de mis padres y sus consejos todo fue más fácil. Siempre me han ayudado en todas las decisiones que he tomado. Enseguida empecé Educación Física, que era algo que me gustaba mucho. Jugar al fútbol se me olvidó rápido, pero sí que tenía claro que quería seguir ligado al deporte.

Me saqué los títulos y empecé a entrenar antes de terminar la carrera. A los 22 años.

Me llamó Rafa López, que fue mi entrenador en el cadete del Real Madrid. “Tengo un proyecto muy bonito y apasionante, pero todavía está muy verde. Es el Canillas ¿Te interesa?”.

Era un club de barrio. Me acerqué allí para verlo y me encontré un descampado y una chabola.

Rafa me dijo que contaba conmigo: “Lo vamos a hacer grande”. Al ver ese escenario te echas un poco para atrás, pero tenía claro que quería experimentar el fútbol desde la base. El fútbol de verdad.

Estaba allí todos los días. De lunes a viernes desde la cinco hasta las once de la noche. Luego los fines de semanas con los distintos equipos: desde alevines al regional. Así durante siete años. Al final son 10.000 horas de campo, con muchas experiencias y anécdotas.

Eidan Rubio/RFEF

Una que cuento siempre es la noche en que se me congeló un pie.

El campo era de tierra y estábamos en pleno invierno. Por la tarde empezó a llover y llover. Luego paró y el tiempo se quedó raso. Muy frío. La temperatura habría bajado de los cero grados. El último equipo que entrenaba era el de Regional.

En medio de la sesión empecé a notar molestias en el pie izquierdo. Pero no dije nada. Allí todo el mundo aguantaba todo y yo no iba a quejarme. Cuando entré en el vestuario me quité el calcetín. El pie estaba duro como una piedra. Congelado.

“¿Qué hago?”, pensé. Pues nada. Abrí la ducha y metí el pie debajo del agua caliente. Al minuto se me puso muy hinchado. Tocó salir corriendo a urgencias. Allí el médico me dijo que lo último que puedes hacer cuando tienes una congelación es meter el pie debajo de un chorro de agua caliente. La solución es calor seco y tomar caldo. Por suerte el pie quedó bien.

“Diría que vamos por la versión 10.7 de nuestro modelo”

En ese campo de tierra aprendí a estar con grupos de todas las edades. Desde niños de siete años a adultos. De todos los jugadores aprendes algo. De todos los grupos. De todos los entrenadores que tuve a mi lado. También del trabajo diario. Los balones, el campo, el material… Te toca pensar continuamente cómo lo tienes que hacer para dar calidad y un nivel de entrenamiento a tus jugadores.

Eso hace valorar mucho más cuando llegas al fútbol profesional y cuentas con todo lo que quieras. No creo que fuera el mismo sin haber pasado por esta etapa.

Es un mensaje que se lo intento transmitir también a las jugadoras. Sobre todo las que han llegado ahora, que no han tenido que pasar por esos campos de tierra. Es importante saber de dónde se viene.

De vez en cuando vuelvo a pasar por el Canillas. El club ha crecido mucho. También se ha vuelto más famoso porque han pasado muchos hijos de jugadores del Real Madrid. De Zidane, de Ronaldo o de Mourinho. Eso sí, sigue haciendo el mismo frío, aunque ya tienen hierba artificial y grandes instalaciones.

Sergio Cueto

En todo lo que he hecho tengo la suerte de tener a mi padre. Con él he vivido el fútbol profesional desde pequeño. Trabajó con grandes entrenadores en su carrera: Luis Aragonés en el Atlético de Madrid, Johan Cruyff en el Barcelona, Jupp Heynckes y José Mourinho.

Cuando tenía siete años mi padre firmó por el FC Barcelona como preparador físico. Le acompañaba a todos los entrenamientos.

Lo primero que hacía era pedirle un balón al utillero. Tenía una colección de balones en casa enorme. De esos jugadores me llamó la atención Stoichkov. Tuvimos una muy buena relación. En persona es muy diferente a su imagen en los medios. Tiene un corazón que no le cabe en el cuerpo. Me acuerdo de Gica Hagi, quien siempre me regalaba botas. También lo hacía Romario. Cuando no llevaba las suyas, me preguntaban que dónde estaban sus botas. Así que cada día tenía que ir cambiando.

Los fines de semana eran los entrenamientos de recuperación para los jugadores lesionados. Con Guardiola hice de sparring en alguna lesión que tuvo. Marcándole. Otros días tenía que centrar. Había muchos periodistas en los entrenamientos y me temblaban las piernas en los primeros centros. De esa etapa hay momentos únicos.

He sido una esponja desde pequeño. Mi padre me ha transmitido todo lo bueno de su carrera y el trabajo con los distintos entrenadores que tuvo. No hay Máster o carrera que te pueda dar esos conocimientos. De todos los entrenadores que conocido he adquirido conocimientos. Después, también con mis conceptos, he hecho mi “ensalada”. Pero mi principal referente es mi padre. Me lo ha enseñado todo.

Como persona siempre me ha dicho que sea yo mismo. Que tome las decisiones que tenga que tomar. Pero que sean decisiones que luego pueda mirar a todo el mundo a la cara.

Como entrenador me ha transmitido su forma de ver el fútbol. Y un consejo que me sirve siempre:

“Si alguna vez tienes una duda a la hora de elegir entre dos futbolistas; quédate con quien más calidad tenga”.

Jorge Vilda

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