Fotografía: Sergio Cueto

Javier Saviola

Jugador: River Plate, Barcelona, Mónaco, Sevilla, Real Madrid, Benfica, Málaga, Olympiacos y Hellas Verona.

Ten claro que un vestuario puede echar a un técnico.

Sobre todo, si son los futbolistas con más jerarquía dentro del grupo. Capitanes o aquellos que llevan muchos años en la plantilla.

Ellos tratan de imponer su respeto y mando. Yo lo viví en varias ocasiones durante mi carrera como futbolista.

Y ese es mi principal temor como entrenador: la gestión de la plantilla.

Nunca los treinta jugadores van a estar conformes contigo. Eso es imposible. Solo juegan once y el resto no compartirá tu planteamiento. Pero lo que sí aprendí como jugador es que esos futbolistas que no juegan también deben sentirse importantes dentro del grupo.

Ahora me toca a mí llevar a cabo esa función.

Mi primera experiencia en los banquillos ha sido como asistente en el Ordino (Andorra). Formaba parte de las prácticas para obtener el título de entrenador.

Fue tras dejar River Plate y el fútbol.

Sergio Cueto

Cuando te retiras como jugador es difícil. Siempre dicen que tienes que estar muy preparado para tomar esa decisión. Y es cierto.

Compañeros que habían pasado por ese momento me aconsejaron que me pensara bien lo de retirarme, porque si te queda la sensación de que puedes seguir jugando va a ser caótico.

“Te va a agarrar una sensación de ansiedad tremenda y no sabes por dónde ir”, me avisaron.

Yo he tenido la suerte en mi carrera como futbolista de competir en grandes equipos, jugando gran cantidad de partidos todas las semanas, entrenando, viajando… Pero de un día para otro te encuentras en casa, sin hacer nada.

“No tenía pensando realizar el curso de entrenador, pero surgió la oportunidad de hacerlo para seguir adquiriendo conocimientos”

A pesar de eso, siempre tuve claro tomar la decisión acertada en el momento justo. Cuando lo hice no volví a extrañar la competencia. Sí jugar, porque amo este deporte, pero no competir.

Físicamente me encontraba perfecto. La decisión de dejarlo lo hice más por lo que estaba viviendo psicológicamente en ese momento que por otra cosa.

Esos consejos de mis compañeros me ayudaron mucho en esa transición. Como el gran apoyo de mi familia.

Si en ese momento de tu vida estás solo, se puede hacer muy difícil.

Después de eso, siendo sincero, no tenía pensando realizar el curso de entrenador, pero surgió la oportunidad de hacerlo para seguir adquiriendo conocimientos.

Me habían dado muy buenas referencias sobre el curso UEFA Pro -en España-, y estando en él me di cuenta de que era así. Una formación muy seria, cargada de conceptos y conocimientos.

Esa experiencia te da la oportunidad de conocer otro ámbito del fútbol: comprender al jugador.

Como lo hacían algunos de los entrenadores que me marcaron como jugador.

Bagu Blanco/Getty Images

Mi primer entrenador fue Gabriel Rodríguez. Empecé a jugar al fútbol a los cinco años en Parque Chas, un club muy modesto de Buenos Aires.

Gabriel Rodríguez fue también el primer técnico que tuve en River Plate. Aprendí muchas cosas de él, sobre todo cómo un entrenador debe tratar a un niño. Me encantaba su forma de enseñar.

Más tarde, el entrenador de mi debut con River Plate, fue Ramón Díaz, un motivador nato.

Con él viví un momento increíble. Tenía 16 años y todavía me quedaban bastantes años más para cumplir todo el recorrido de inferiores a Primera división.

Recuerdo que faltaban pocas jornadas para terminar el campeonato y se habían lesionado tres delanteros del equipo de mayores. En la plantilla había hasta cinco. Ramón Díaz quería llevar un delantero más para un partido ante Gimnasia de Jujuy.

“Si tuviera que ser como un entrenador, me gustaría ser como José Pékerman”

Yo, mientras tanto, estaba jugando en tercera división y de vez en cuando entrenaba ellos, pero nunca me imaginé lo que iba a suceder. Terminó el entrenamiento previo al partido y al entrar al vestuario mi nombre estaba en la pizarra.

Cuando pasas y ves tu nombre ahí no te lo crees, piensas que lo ha puesto por cualquier otro motivo. Pero sí, ¡estaba en la lista de convocados!

Ahí arrancó todo.

Ya en el transcurso del partido estaba en el banco de suplentes.

Se lesionó un delantero más en el primer tiempo. Quedaba solo un atacante y el entrenador decidió que yo entrara en el segundo tiempo.

Recuerdo que estaba bastante nervioso, pero se fueron en el momento de entrar en el campo gracias a lo que me dijo: “Estate tranquilo que la responsabilidad no la tenés vos, la tienen los más grandes”.

Siempre las recordaré, fueron las palabras justas en ese momento. Me sacó de golpe toda la responsabilidad que puedes llegar a sentir dentro de un campo. Y, por si fuera poco, marqué un gol.

Shaun Botterill/Getty Images

También tuve la suerte de tener a Marcelo Bielsa (abajo) como entrenador en las Olimpiadas de Atenas 2004 (Argentina ganó el oro). Son miles de anécdotas las que tengo con él. Su pasión por el fútbol es de un fanatismo desmedido. Haber convivido con él como jugador te hace darte cuenta de la locura que siente por este deporte. Vive y piensa solo en fútbol, en hacer mejores a sus jugadores.

Siempre digo que Bielsa si agarra a un jugador de “6 puntos”, él te lo hace de “8 o 9”. Es impresionante.

“Bielsa siempre sale por otro lado. Ahí te das cuenta de que vive en otra dimensión, en otro mundo”

Destacaría la sinceridad con la que te habla. Por eso es tan querido por los jugadores, porque viene y te dice las cosas de frente. Lo bueno o lo malo. Recuerdo que en un partido había metido tres goles. Terminé enormemente contento y cuando llegué al vestuario, lo primero que me dijo fue: “Hoy has sido un desastre”.

¿Por qué? Yo no entendía nada.

Pero en su visión del partido estaba lo que hice en fase defensiva, o más bien lo que no hice, como no ayudar a mis compañeros.

Tiene la mente tan abierta y tantos conocimientos que en lo que menos piensa es en esos tres goles. Bielsa siempre sale por otro lado. Ahí te das cuenta de que vive en otra dimensión, en otro mundo. No tiene pensamientos parecidos a los del resto de la gente.

Justin Setterfield/Getty Images

Ya en Europa, pasé muy buenos momentos con Jorge Jesús, en el Benfica. Fue un técnico que nos enriqueció mucho a una generación de jugadores impresionantes: Fabio Coentrao, Pablo Aimar, Ángel Di María… Jugadores espectaculares a los que dio su toque. Quería el buen juego y trabajaba mucho para conseguirlo.

La primera media hora de entrenamiento era toque y juegos de pelota, siempre trabajos analíticos, sin oposición. Así íbamos adquiriendo los mecanismos que él quería.

Le daba mucha libertad al jugador, pero al mismo tiempo era muy exigente. Jorge Jesús encontró mi posición como delantero enganche, jugar unos metros atrás para tener más posibilidades. Disfruté mucho con él, jugando un gran fútbol.

“Todavía no sé el camino que tomaré. Fútbol formativo o un equipo profesional. Esa decisión llegará con el tiempo”

Pero si tuviera que ser como un entrenador, me gustaría ser como José Pékerman (abajo).

Un técnico que trabaja desde la tranquilidad. Se la transmite también al jugador para que pueda rendir al máximo en situaciones complejas –estuve con él en el Mundial Sub 20 de 2001 y Mundial absoluto con Argentina en 2006.

Es un tipo enormemente seguro de sí mismo. Te habla, te explica. Muy pocas veces levanta la voz. En tema de formación era el técnico ideal, trabajaba la psicología para que el jugador se sintiera bien. En las concentraciones, por ejemplo, comíamos todos juntos, fomentando que nos sintiéramos cercanos a los compañeros. Mi época con él coincidió con la muerte de mi padre.

Siempre le estaré agradecido por su ayuda. Como también a Charlie Rexach y toda la gente del Barcelona. Me ayudaron mucho en una situación personal muy complicada.

Michael Steele/Getty Images

¿Y qué seré yo como entrenador?

Todavía no sé el camino que tomaré. Fútbol formativo o un equipo profesional. Esa decisión llegará con el tiempo, pero sí tengo claro cómo quiero superar mi principal miedo como entrenador. Cómo gestionaré el grupo.

Y lo haré a través de la relación con el jugador.

Para mí es clave para poder tener éxito como entrenador. Pero también debe ser una relación recíproca.

Al futbolista, por encima de todo, le pediré profesionalidad y respeto por el compañero y el deporte que practica. En definitiva, por él mismo. Será difícil, porque no todos los jugadores comparten esos valores, pero mi objetivo será que aquellos que no cumplan con eso, en vez de quitármelos de la plantilla, convencerlos de lo contrario.

Sumar todos en la misma dirección.

Javier Saviola

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