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Miguel Ángel Russo

Boca Juniors, 2019-Presente

Cuando arranqué como entrenador en Lanús me presentaron doce dirigentes y solo tenía seis jugadores.

Bueno en realidad cinco, porque uno de ellos estaba lesionado y lo fui a ver al sanatorio después de la práctica.

Pero eran otros tiempos. Muy locos, en el sentido de muy futboleros.

Sin embargo, hay algo que para mí no ha cambiado en estos 30 años en el banco: en el fútbol no hay nada escrito. Porque si uno cree que sabe, ya empezó a perder en esto.

Así lo vengo aplicando desde el primer día.

Inicios apasionantes, pero también muy duros. No obstante, esos primeros pasos me ayudaron muchísimo para desarrollarme como técnico.

A Lanús le estaré muy agradecido por haberme dado la oportunidad.

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Sinceramente, no me preparé de manera especial para ese momento. Más bien fue un proceso continuo, desarrollándose a lo largo de mis años como jugador de Estudiantes. Orgulloso jugador de un solo club en 14 años, el tercero con más partidos en la historia del equipo.

En Estudiantes me formé con un ADN único en el mundo del fútbol. Me resulta imposible explicarte cómo se genera, pero a través de experiencias propias se iba transmitiendo de una generación a otra. Y eso te creaba un sentimiento de pertenencia muy importante, con un respeto muy grande a los que fueron los antecesores de todo esto.

Esa historia marcaba el futuro.

Después, los maestros que tuve me fueron preparando como entrenador. El caso de Eduardo Luján Manera o Carlos Bilardo (abajo).

“Bilardo fue el mejor psicólogo que tuve. Y lo siento así por cómo nos fue marcando el camino”

A nivel de resultados, Bilardo hizo historia. Primero dentro de Estudiantes y después en el fútbol argentino. Es muy difícil lograr lo que logró él, y yo tuve la suerte de vivirlo en su primera etapa como entrenador.

Para mí no solo fue un entrenador -él me hizo debutar en Primera y asentarme en el club. Fue el mejor psicólogo que tuve. Y lo siento así por cómo nos fue marcando el camino – por lo menos en mi generación – en muchísimas cosas.

Pero antes de él está Osvaldo Zubeldía.

Podrás estar de acuerdo o no conmigo, pero creo que el primer gran cambio del fútbol argentino a nivel de entrenadores fue Zubeldía.

Fue el técnico que convirtió a Estudiantes en el club con la gran dimensión que tiene hoy dentro de Argentina. Un equipo de posiciones intermedias que llegó a los primeros lugares, cambiando toda una metodología o la forma de trabajar. Inventaba sistemas o jugadas de pelota parada… Estrategia pura.

Después Bilardo fortificó todo.

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A eso, que ya es mucho, sumé algo que mantengo hoy en día: preguntar e informarme.

Si de pronto tenía que agarrar el auto e ir a ver a Carlos Griguol entrenar tres horas bajo la lluvia, lo hacía. También fui en esos primeros años a Milán a ver a Arrigo Sacchi.

Bastó con decirle que venía de parte de Carlos para que Sacchi me abriera todas las puertas. Increíble el trato. En ese recorrido por Italia también pasé por Nápoles, el Nápoles de Maradona. O los viajes a Madrid, yendo a restaurantes y cafés donde sabía que ahí encontraría a la gente del fútbol.

Con el que yo creía conveniente lo buscaba y me sentaba.

Por mucha tecnología que podamos tener hoy, hay algo que los argentinos mantenemos: el ida y vuelta permanente. Aprovecho cada momento para hablar de fútbol. Es cierto que ahora menos que antes, pero cada tres o cuatro años, como yo digo, me doy una vuelta fuera de Argentina para seguir viviendo y escuchando fútbol.

“Ha cambiado la gestión con los jugadores. Muy distintos a los de antes, pero en relación a los cambios bruscos en la sociedad”

También me gusta conocer el perfil que está fuera del fútbol. Me he reunido con CEOS de empresas importantes, docentes, universitarios…

Es cierto que manejar una empresa es muy distinto al fútbol, pero hay muchas cosas que son válidas y que te ayudan como entrenador.

La conclusión que saco de estas charlas es que la tecnología tiene mucho que ver en el fútbol. Eso también ha cambiado la gestión con los jugadores. Muy distintos a los de antes, pero en relación a los cambios bruscos que ha habido en la sociedad.

De pronto yo iba a entrenar y me quedaba parado hasta que se cambiaban los mayores, y después me cambiaba yo. Hoy esto es otra historia. El joven llega el primer día al vestuario y no mira quién se ha cambiado antes.

No digo que eso esté mal, simplemente es lo que está.

Eso sí, como entrenador tienes que saber adaptarte, por muchos años que uno pueda llevar en esto. No vale pararse y creer que lo que haces es lo único y válido.

Porque el nivel de desarrollo es muy alto, con una exigencia máxima cada día.

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Para mí hay una competencia que representa mejor que ninguna otra toda esta dificultad: la Copa Libertadores.

Nací como jugador empapándome de la historia de los triunfos de Estudiantes en Copa Libertadores.

La tuve cerca en la temporada 82-83. Un equipo que por esas cosas del fútbol no fue campeón de América ante Gremio. En el último partido en casa en la fase nos expulsaron a cuatro jugadores, 1-3 en el marcador. Conseguimos empatar con 7 jugadores, una epopeya del fútbol, pero no se pudo dar el pase a la final.

Después la vida me dio la posibilidad de ganarla en Boca Juniors como entrenador, en el 2007. Contra Gremio precisamente.

Pero no lo tomé como una revancha. Al final, el fútbol es una pelota redonda; da vueltas permanentemente. Me han sucedido ese tipo de cosas y situaciones, sin buscarlas me han aparecido.

Por supuesto, para que pasen estas cosas tienes que tener la suerte de contar con buenos jugadores.

Ellos siempre será la clave de un entrenador.

En Boca tuve un elenco espectacular. Jugadores determinantes, como Riquelme (abajo).

A mí me tocó una relación muy sana y muy directa con él. De los jugadores que me tocó dirigir es el que mejor he visto, y el que más me ha deslumbrado.

Un tipo de fútbol, entendiendo el juego dentro de la cancha. Realmente eso es lo difícil en esto. De genio.

Al final, todo es una historia de vida permanente. Diferentes situaciones que tienes que afrontar en cada club.

También personales, como ocurrió en Colombia con Millonarios.

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Cuando el médico me anunció que tenía cáncer de próstata, en vez asustarme, quise saber siempre como sería el día después. Nada mejor que la experiencia  de alguien que había superado la enfermedad. Cómo se seguía viviendo después de eso.

Ahí tuve una charla muy importante con mi gran ídolo, el cantautor Joan Manuel Serrat, quien tuvo el gran gesto de acercarse a Rosario.

“Yo me operé hace 14 años de esto, en la época de las cavernas. Ahora es otra historia”, me dijo. Él, que lo vivió, tiene en su narración un valor agregado atravesado por lo que sintió.

“Decidí seguir trabajando. No quería estar fuera, aunque a veces se hiciera duro y, por momentos, inexplicable para mi oncólogo”

Encontré también una gran ayuda en la directiva de Millonarios. Primero, la privacidad. Y después porque me renovaron el contrato enseguida por dos años más, acompañándome en el proceso en el inicio y en el desarrollo, que es lo más importante.

A los jugadores no se lo comuniqué. Creí que era lo mejor porque estábamos en fechas importantes de la competencia y solo quería que pensaran en eso.

No sé si lo conocieron, pero fueron tremendamente respetuosos conmigo.

Yo decidí seguir trabajando. No quería estar fuera, aunque a veces se hiciera duro y, por momentos, inexplicable para mi oncólogo.

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Recuerdo cuando llegué a la clínica poco después de la primera sesión de quimio. “Yo no entiendo nada”, me dijo. “¿Cómo es posible que solo 48 después estés en el banco, con lluvia y el frío? Me resulta imposible de creer”.

Pero el momento más duro, sin embargo, no fue la enfermedad. Fue lo que llegó después. Una bacteria intrahospitalaria.

Me enojé mucho. Me puse malo. Hubo un momento en el que no contestaba el teléfono, después lo apagué, elegí quedarme solo unos días. Hasta que una mañana dije basta. Arranqué de nuevo y me dije: “‘Miguel, no te puede matar una bacteria, déjate de joder'”.

En todos esos momentos sentí el cariño de la gente de Central, Lanús, Estudiantes, Boca, Vélez, Millonarios, la U de Chile y de todos los clubes en los que estuve. Esos buenos deseos me dieron una inmensa fuerza.

Mi médico dice que una de las claves de mi sanación es lo que significa el trabajo para mí.

Pero no es que el fútbol fuera mi terapia.

El fútbol es mi vida.

Miguel Ángel Russo

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