Fotografía: Jon Enoch

Carlos Carvalhal

Braga, 2020-Presente

Para mí el Sheffield Wednesday era como estar en el paraíso.

Lo digo en serio. Era el paraíso.

Para entender mis sensaciones, tienes que saber algunas cosas sobre mi carrera. Algunas cosas sobre las que no se habla mucho en este trabajo. Algunas cosas que me han ayudado a convertirme en un entrenador que está preparado para cualquier situación.

En la actualidad, hay dos caminos distintos para convertirse en entrenador. Uno es haber sido un gran jugador y que un club te de la oportunidad de comenzar en un equipo grande. Así, en uno o dos años ya estás con un conjunto grande entrenado a grandes jugadores.

O comenzar desde el sótano. Así, toma más tiempo. Como en mi caso, puede tomar más de 15 años.

En realidad, eso puede ser algo bueno porque te da un gran bagaje. Mucha experiencia. Superas ciertas situaciones y con tal de que entiendas lo que hiciste, bien o mal, entonces si vives un momento similar en el futuro, sabrás que estás listo para enfrentarlo de la forma correcta.

Tres años después de comenzar mi vida como entrenador, tuve uno de esos momentos.

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Estaba trabajando en el Leixões. Aunque era un equipo de la Tercera división de Portugal, yo creía que tenía el potencial de subir hasta Primera.

Yo ya había estado en la división de honor cuando el presidente del Leixões me llamó. Mis amigos me dijeron: “¡Estás loco!  Tienes oportunidades de quedarte en Primera. ¿Para qué te vas a ir a la Tercera división?”.

“Comencé desde el sótano. Así, toma más tiempo. Como en mi caso, puede tomar más de 15 años”

Fue algo sencillo. Fui a ver uno de sus partidos. Era un miércoles en la tarde y había 8.000 aficionados en el estadio. Inmediatamente después del encuentro, le dije al presidente: “Quiero venir para acá”.

Con un club poderoso como ese, yo creía que podíamos llevar al equipo a la primera división en dos años.

Ese primer año fue increíble. Hicimos algo que nadie había hecho antes en Portugal: llevamos a un equipo de la tercera división a la final de la Copa de Portugal, clasificándolo para la Europa League (abajo).

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En esa campaña, vencimos a equipos de las dos principales divisiones. Lograr algo así es imposible si no eres mejor que ellos en organización estratégica porque – ten la completa seguridad – disponen de mejores jugadores que nosotros. Así que hay que estar mejor organizados y con una mejor estrategia para vencerlos.

Tenemos que pensar también como los grandes equipos. Es lo que le digo todo el tiempo a mis jugadores. Incluso si no somos los mejores hay que pensar y actuar como los mejores.

Fue una gran primera temporada. Pero en la segunda llego ese momento.

Un día el presidente vino al entrenamiento mientras estábamos en unas de nuestras sesiones tácticas. Vio la forma en cómo preparábamos un partido grande ese fin de semana.

Después vino a verme: “Necesito hablar contigo. Tenemos que ganar este partido”.

“Sí, lo sé”, le dije.

“Es importante”.

Yo asentí. “Sí, lo sé”.

“Pero con estos jugadores, no ganaremos el partido. Es mejor que cambies esto y esto…”

Le dije que no. “Jugaremos con el equipo que he escogido y creo que ganaremos el partido”.

“Bien, pero si pierden, ya sabes que pasará”.

Si perdíamos, me despedirían. Estaba totalmente seguro de eso.

Al final ganamos 2-1. Después del partido fui a ver al presidente y le entregué mi brazalete de entrenador.

“¿Quiere hacer el equipo? Entonces usted puede ser el entrenador. Yo me voy”.

Fue un momento triste. Era un club que me gustaba mucho. Aún me gusta. Sin embargo, un entrenador tiene que asumir la decisión al 100 por ciento. Soy la persona que es responsable al 100 por ciento, tanto de las victorias como de las derrotas.

Jon Enoch

Yo también soy el responsable de encontrar distintas estrategias para motivar a los jugadores. La primera vez que fui al Vitória Setúbal, el club estaba atravesando problemas financieros. Pasaron tres o cuatros meses en los que los jugadores simplemente no recibieron pagos.

Durante esos momentos, tuvimos que encontrar formas de mantener a los jugadores concentrados.

En una ocasión tuvimos un incidente disciplinario con un jugador. Fue como encontrar oro para mí.

Inmediatamente le dije al jugador: “Te voy a despedir”. Porque yo sabía que si decía eso, el capitán del equipo hablaría con los jugadores y vendría a decirme: “Ey, vamos Carlos. No lo puedes despedir. Lo que hizo no es tan malo”.

“No, yo no puedo aceptar esa clase de conducta. Será despedido”.

“Vamos, es muy duro. Dale un castigo o algo”.

“Está bien”, le dije. “Hagamos esto: Si ganan el partido del domingo, no lo despediré”.

“Tenemos que saber qué tipo de jugadores tenemos al frente, y actuar con ellos en consecuencia”

Los jugadores se unieron para ganar el partido y salvaron a su compañero de equipo.

Para usar ese tipo de estrategia, tienes que conocer bien a los jugadores. Conocer sus personalidades. Entonces puedes hacer todo para asegurarte que jueguen a su mejor nivel.

En esa época yo solía decir que en una mano tenía una flor y en la otra una pierda. Así que puedes darles una flor o una piedra. Tu escoges. La que sea la mejor para ti.

En general, la gente – no solo los jugadores – se motivan de distintas formas.

Hay gente a quienes solo le motiva el dinero. Si no puedes pagar, no puedes tener este tipo de personas en tu equipo.

Hay personas que son motivadas por el miedo. “Si no haces un buen trabajo, te despediré”. Y hay personas que son motivadas por el orgullo. Así que incluso si no me pagas, ya sea que me metas miedo o no, yo igual haré el trabajo. Soy un buen profesional. Adoro mi trabajo y daré lo máximo.

Tenemos que saber qué tipo de jugadores tenemos al frente, y actuar con ellos en consecuencia.

Esa temporada ascendimos a primera división con el Vitória Setúbal, pero decidí dejar el club de todas maneras. Nadie entendió porqué.

Yo estaba cansado de ese tipo de situaciones. Tuve problemas con algunos jugadores y para seguir en Primera sabía que tendría que sacarlos del club. No quería hacer eso porque me habían ayudado mucho a conseguir el ascenso esa campaña. Así que me fui.

Pero tres años más tarde, estaba de vuelta en el club. Esta vez el presidente me dijo que estaban casi en la bancarrota, pero prometió que pagaría todos los sueldos. Acepté el reto.

Jon Enoch

El primer día el presidente se paró a mi lado en frente de los jugadores: “Este es el equipo. Tú eres el entrenador. No tengo tiempo para esto ahora, así que buena suerte”.

Y a los jugadores: “Carlos se encargará de todo. Los veré al final de la temporada”.

Conseguimos jugadores a préstamo del Braga y del Porto. Fuimos al mercado de préstamos en Brasil. Compramos jugadores de la tercera división. Y así comenzamos nuestro camino.

Después de perder nuestro primer partido, estuvimos invictos en 13. Pero en enero nuestros dos mejores jugadores fueron vendidos y con ellos se fueron la mayoría de nuestros goles.

“La gente me conoce por tener una cara sonriente, una persona feliz”

Todo el mundo decía que descenderíamos. Pero al final ganamos la Copa de la Liga – la primera en disputarse en Portugal – y clasificamos para la Europa League. Fue un trabajo duro, pero me da tanto placer pensar en lo que conseguimos esa temporada.

La gente me conoce por tener una cara sonriente. Una persona feliz. Y soy eso. Es una parte de mi personalidad que me ayuda en circunstancias difíciles.

Pero la situación en la que me encontré en el Besiktas desafió mi capacidad para mantener la sonrisa, quizás más que cualquier otra.

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¿Por qué fue tan difícil?

Imagínate esto: vas a un club en un momento crítico porque el entrenador que vas a reemplazar está en la cárcel y das tu palabra de que cuando salga de prisión le devolverás el puesto a él.

Así fue mi comienzo en el Besiktas. Estaba trabajando con el personal que pertenecía al entrenador anterior, en un país en el que nadie me conocía y apenas aprendiendo el idioma.

Pero después de tres meses los aficionados coreaban mi nombre.

La temporada anterior el Besiktas había perdido 4-0 frente al Dinamo de Kiev en la Europa League. Esta vez le ganamos 1-0 en casa y 3-1 al Stoke City (abajo) para ocupar el primer lugar en el grupo y avanzar a la siguiente ronda.

Fue en ese momento cuando perdimos a nuestro presidente – se fue a trabajar a la Federación de Fútbol de Turquía – y también coincidió con que el entrenador anterior salió de la cárcel. Yo, obviamente, le dije: “Si quieres, ocupa tu lugar”.

Pero nos estaba yendo bien. Estábamos en la pelea por el título, avanzamos a la siguiente etapa de la Europa League y jugando buen fútbol.

Ellos sabían que los aficionados no lo iban a entender si me despedían. Especialmente porque en la siguiente ronda de la Europa League nos tocaba enfrentar al Braga, un equipo de mi ciudad que yo conocía muy bien.

Así que me quedé porque jugábamos contra el Braga. Eso lo sé.

Como otra solución, colocaron al entrenador anterior como director deportivo. Así que ahora estoy trabajando con un director deportivo que quiere ser el entrenador, mis asistentes le pertenecen y yo todavía estoy aprendiendo el idioma, así que no siempre puedo entender lo que están hablando.

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Fue un ambiente de trabajo muy duro.

Un día me llegó la visita de un tipo que yo nunca había visto. Me dijo que representaba a la junta directiva del club y que yo tenía que alinear a cierto jugador en el siguiente partido.

“Ah, pero él tiene un incidente disciplinario”.

“Pero tiene que ponerlo. Es el partido más importante de la temporada”.

“Bien. Despídame si quiere, y puede quedarse con el equipo y escoja al jugador. No hay problema.”

“La situación en la que me encontré en el Besiktas desafió mi capacidad para mantener la sonrisa”

Todo eso a través de un traductor porque él no hablaba inglés.

Un día escribiré un libro sobre ese año. Hubo muchas situaciones como esa. Pero me mantuve fuerte y tomé grandes riesgos. Me dije a mí mismo que cuando terminara mi trabajo allí, sería un mejor entrenador. Una mejor persona.

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Después de ese tipo de desafío, estaría listo para todo en el fútbol.

Como te dije, cuando acepté el reto del Sheffield Wednesday, me sentí como si estuviese en el paraíso. Antes de mi primera rueda de prensa, la gente me decía: “Carlos, prepárate”.

Pensé: “Vamos, he estado en Turquía con 30 cámaras, 50 periodistas con pistola todo el tiempo disparándome preguntas muy difíciles. Y sobreviví a ese entorno”.

Mi camino ha sido largo. He tenido tantos momentos culminantes como malos. Pero estoy orgulloso de esto porque fui ascendiendo desde el fondo y he enfrentado muchos desafíos en la ruta. Eso me dio una experiencia enorme.

Me dejó listo para cualquier cosa.

Carlos Carvalhal

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