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Ricardo Sá Pinto

Braga, 2019

A los siete años de edad ya sabía que quería ser jugador de fútbol.

Tuve el privilegio de hacer realidad mi sueño. Construí una carrera exitosa. En Portugal, gané todos los títulos posibles. Con la selección nacional, también conseguí algún éxito, siendo el tercer lugar de la Eurocopa 2000 el momento más alto.

Años después, la decisión de convertirme en entrenador exigió más reflexión. Es por eso que me formé en diversas áreas ligadas al fútbol y a la parte académica para tomar la mejor decisión para mi futuro profesional.

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Curiosamente, las lesiones que sufrí cuando era jugador impulsaron esas reflexiones. Mi primera lesión grave fue a los 27 años, en el mejor momento de mi carrera. Después, lamentablemente, tuve varias lesiones  consecutivas en el ligamento cruzado ligado anterior y los meniscos.

Fueron cinco años de operaciones en las rodillas. La última ocurrió a los  31 años. Ya entonces varios médicos no me querían operar. Decían que era una cirugía arriesgada. Pero no me daba por vencido. Encontré  un médico suizo, especializado en operaciones de riesgo, y pude jugar otros tres años más.

“Me formé en diversas áreas ligadas al fútbol y a la parte académica para tomar la mejor decisión para mi futuro”

A partir de la última operación, pasé a pensar más sobre el futuro después de mi carrera en el campo de juego. Todavía activo como futbolista, comencé a sacar la licencia para volverme entrenador.

Cuando dejé de jugar, concluí los cursos para entrenador y también me formé en comunicación empresarial en la universidad. Además de haber hecho un máster en marketing y gestión deportiva en el Instituto Universitario de Lisboa.

Paralelamente a los estudios, el Sporting de Portugal me abrió las puertas y tuve la oportunidad de ganar conocimiento en otras áreas, ocupando cargos en la dirección de fútbol profesional y como embajador del club.

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Fueron experiencias valiosas para definir mi próximo paso en el fútbol. Experimenté muchas áreas. Pero escogí convertirme en entrenador. Entendí que era en el campo donde me sentía más feliz.

Pronto descubrí que la carrera de entrenador es muy exigente. No tiene nada que ver con la de jugador. El jugador solo tiene que preocuparse de su propio rendimiento, a pesar de que se trata de un juego colectivo. Es decir, cuida de su propia alimentación, su descanso, su desempeño.

“Escogí convertirme en entrenador. Entendí que era en el campo donde me sentía más feliz”

El técnico no solo tiene que dirigir a un grupo de jugadores, sino además toda una estructura a su alrededor, que tiene que estar en sintonía. Específicamente el departamento médico, de comunicación, scouting, staff

No es casual que los ingleses usan la palabra manager para el entrenador. Las responsabilidades van más allá del campo. El técnico es un líder y tiene que ser un buen gestor de recursos humanos en diversas áreas del día a día en la vida del club.

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Hoy en día no hay muchos secretos en el fútbol. Los clubes profesionales tienen buenas infraestructuras y ofrecen buenas condiciones de trabajo. La información es de fácil acceso gracias a la globalización y el acceso rápido a Internet. Ahora hay softwares que te dicen todo sobre el equipo rival, ya sea de manera colectiva o individual.

Por lo tanto, es la parte estratégica del entrenador y su habilidad para dirigir personas lo que hará la diferencia. Durante mi carrera, tuve la oportunidad de trabajar con excelentes entrenadores.

Y aprendí mucho con ellos.

Pero hay un entrenador especial, que no fue mi técnico y con el que me identifico más. Hablo de José Mourinho (arriba).

Cuando él estaba en el Inter de Milán pude pasar una semana a su lado y acompañar de cerca su rutina de trabajo. Después, repetí la experiencia en el Real Madrid. Tenemos una buena relación. Siento mucha admiración por él. Su capacidad de leer al adversario y prepararse para cada partido es impresionante.

“Hay un entrenador especial, que no fue mi técnico y con el que me identifico más: José Mourinho”

Tengo otras referencias, como Pep Guardiola y Maurizio Sarri (abajo). La dinámica de juego ofensiva de sus equipos es fascinante. Ellos intentan controlar el adversario en todos los momentos del juego y tener siempre la posesión del balón.  Son entrenadores a los que les gusta un fútbol con movilidad, creativo, que sus jugadores creen líneas de pases constantes y tengan buenos cambios posicionales, respetando los espacios que se decidieron para practicar.

Es una idea  de juego con la que comulgo y que intento imponer en los equipos que dirijo. Pasa por el dominio del juego propio.

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Me gustan los equipos agresivos – con y sin el balón-,  y que nunca pierden el equilibrio defensivo. El fútbol requiere de cierta imprevisibilidad. Es preciso sorprender al rival, pero no se puede descuidar el equilibrio entre el saber atacar y defender al mismo tempo. A pesar de que a veces tenemos que arriesgar para ganar.

La experiencia es fundamental para cualquier profesión. En todas las áreas, la repetición es valiosa. La experiencia trae la perfección. Hoy me siento un entrenador más capacitado que cuando comencé.

“Me gustan los equipos agresivos -con y sin el balón- y que nunca pierden el equilibrio defensivo”

Es natural. En este proceso de desarrollo pasé por escuelas de fútbol diferentes. Para hacerse con una idea de juego no basta con mirar las características de los jugadores. Es necesario mirar la cultura del club, y entender los diferentes contextos.

Hay sitios donde se rechaza que el entrenador utilice solo un delantero o se plante con tres defensores, por ejemplo. No significa ceder a la presión local, pero sí es necesario entender las particularidades de cada escuela de fútbol del país.

Fui muy feliz en mi paso por Grecia, Serbia y Bélgica. El trabajo dio frutos, resultados positivos. Me encargué de equipos en situaciones complicadas y ayudé a convertirlos en aspirantes de títulos.

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En Polonia también desempeñamos un trabajo gratificante. Pero encontré más resistencia a las ideas de fuera. No fue posible implementar mi filosofía a tiempo. Me refiero a las reglas internas, horarios, gestión del día a día, etc. Esta incompatibilidad de pensamientos nos costó el título de la liga, tras haber escalado varias posiciones en la tabla hasta llegar al segundo lugar en la clasificación.

En Arabia Saudita, la situación fue incluso más difícil. Encontré un ambiente poco profesional. Las dificultades eran inmensas. Sin embargo, toda experiencia es válida, y también crecí en ese período.

En Portugal, viví experiencias interesantes. En el Belenenses, un club histórico de Portugal, conseguimos llevar el club por primera vez a una fase de grupos de la Europa League. Deportiva y financieramente, fue muy bueno.

“Es necesario mirar la cultura del club y entender los diferentes contextos”

En la experiencia más reciente, al frente del SC Braga, hicimos un trabajo notable en un contexto muy exigente, de partidos prácticamente cada tres días, durante cinco meses consecutivos. Hicimos una campaña destacada en Europa, sin derrotas, siendo el mejor equipo portugués frente a otros como Benfica, Porto y Sporting -por cierto, creo que fuimos el mejor equipo de todos los grupos de la Europa League-.

A nivel interno, cuando salí del club, estábamos subiendo rápidamente en la clasificación del campeonato, y llegamos a semifinales de la Copa de la Liga. Desafortunadamente, el trabajo no concluyó como se merecía.

Todas esas vivencias me vuelven, lógicamente, un entrenador más experimentado. Me siento preparado para entrenar cualquier equipo en cualquier campeonato. Recientemente, pensé que había llegado mi oportunidad de entrenar a  la Real Sociedad, un club por el que tengo mucho cariño.

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Pasé tres años allí como jugador. Tengo en la memoria sobre todo los grandes duelos contra el Real Madrid y Barcelona. Tuve el placer de enfrentar a  jugadores fenomenales, como Zinedine Zidane, Rivaldo, Ronaldo, Roberto Carlos y tantos otros.

Se trataba de la liga más fuerte del mundo, en lo más alto. Me trataron muy bien y viví años felices en el País Vasco. Fue además de todo, muy divertido. A nuestro equipo le gustaba jugar con el balón. Era un fútbol intrépido, alegre.

Hace un par de años, la Real Sociedad iba a cambiar de entrenador. Y yo vivía un momento fantástico. Acababa de ganar la Copa de Bélgica y era considerado uno de los mejores entrenadores del fútbol belga.

“Cuando estuve en la Real Sociedad me trataron muy bien y viví años felices en el País Vasco”

Creía que recibiría la invitación, pero desafortunadamente no llegó. Quien sabe si algún día. Me gustaría mucho representar  a la Real Sociedad nuevamente, ahora como entrenador.

Como en la Real y tantos otros equipos que jugué, mantengo este espíritu guerrero,  por el que me llamaban “Ricardo Corazón de león”. Nunca me tomé bien la derrota. Empatar ya me quitaba el apetito. Perder, entonces, ni hablar.

Vencer es fundamental, y la dedicación es el único camino posible para llegar a la victoria. Renunciar nunca fue una opción para mí. Desde joven, me fui trazando metas, alcanzándolas y creándome nuevas. Es algo que forma parte de mí.

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Solo me faltó jugar en Inglaterra. Creo que el fútbol inglés encajaba con mi forma de ser.  Público apasionado, estadios llenos, altísima intensidad de juego. Y muchos goles. Pero si no pude conseguirlo como jugador, sí espero poder hacerlo como entrenador. Vivir de cerca las mismas sensaciones que tuve cuando dispute la Copa de Europa, en 1996 en Inglaterra (arriba).

Portugal hizo una competición fantástica. Nuestra eliminación, en cuartos de final, ante la República Checa fue una injusticia. Portugal era el equipo que practicaba mejor fútbol. Fuimos eliminados en un partido en el que creamos mucho más que el adversario. Teníamos un juego vistoso, todo el mundo lo reconocía.  Tal vez, fuimos demasiado románticos. Nos divertíamos mucho jugando al fútbol. Quizá hubiera sido bueno un poco más de pragmatismo en las eliminatorias. directas.

“Solo me faltó jugar en Inglaterra; creo que el fútbol inglés encajaba con mi forma de ser”

Aquella generación de oro tendría una nueva oportunidad en la siguiente Copa de Europa, en el 2000. Era prácticamente el mismo grupo de jugadores, obviamente más maduros. El problema fue que Francia también tenía un gran equipo. Jugamos de igual a igual, el resultado podría haber sido para cualquiera.

Hasta hoy, creo que el penalti que generó el gol de Zidane al final (abajo) de la prórroga, fue muy polémico. No tengo certeza de que el árbitro pudiera ver la supuesta mano de Abel Xavier. Desafortunadamente, él señaló el penalti y quedamos fuera. En otra ocasión, podríamos perfectamente haber llegado a la final y terminar como campeones de Europa.

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Me siento privilegiado de poder vivir dos veces una pasión intensa en el mismo deporte. Primero como jugador y ahora como entrenador.

Hasta ahora, la mayor parte de las experiencias en el banco han sido positivas, con buen término. Sé que voy por el camino correcto –soy un técnico joven aún, solo diez años en esta nueva etapa- pero ambiciono ir más allá. Entrenar a clubes que luchen por títulos importantes.

Y haré todo lo posible para que así sea en el futuro.

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