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Jorginho

Coritiba 2019-Presente

Siempre he tenido el fútbol en la memoria. No es parte de mi vida, es parte de mí.

Hace poco mi hermano me contaba que teníamos un televisor en blanco y negro para ver el Mundial de 1970. Francamente, de eso no me acordaba. Yo solo tenía 6 años.

Lo que sí recuerdo es el día que Brasil ganó la Copa, su tercer Mundial. En la mente tengo una imagen de un poste de luz con un altavoz. Recuerdo salir a las calles de Río de Janeiro y quedar sumergido en la apasionada narración de la radio pública.

Todavía evoco la sensación de celebrar el trofeo. Desde ese día tuve claro mi sueño. Quería ser futbolista profesional.

Yo también quería ser campeón del mundo. Era solo un sueño de niño, pero se hizo realidad 24 años más tarde cuando fui parte del equipo que consiguió la gloria del cuarto mundial, en 1994 (abajo).

Cuando miro atrás veo una carrera exitosa sobre el campo. Jugué en clubes grandes en Brasil y en el exterior, además de representar a mi país en varios torneos importantes. Estoy orgulloso de eso.

Pero los sueños tienen un final. Y tienes que reinventarte.

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Durante mis años de futbolista profesional nunca pensé en ser un técnico. De hecho, quería ser cualquier cosa menos entrenador. ¿Vamos, cómo podría escoger la misma rutina otra vez?

Cuando me retiré primero quise ser un agente. Mi amigo y excompañero de equipo, Bebeto, fue uno de mis socios en esa aventura, pero no duré un año en el negocio. Lo odié. No es para mí.

¿Y adivina qué?  Echaba de menos la intensa rutina de los entrenamientos, los partidos, los hoteles y aeropuertos.

Fue justo entonces que el America-RJ, el mismo club donde empecé mi carrera como jugador, me ofreció un puesto en su junta directiva. No quería ser un directivo, pero le dije al America que aceptaría gustosamente la oportunidad de ser entrenador, así que en 2005 me convertí en el técnico del equipo.

Otro sueño por delante. Desde ese momento, quise ser un entrenador exitoso.

“Tengo en mi filosofía algo de cada uno de los entrenadores que tuve como jugador”

En mi carrera como jugador había tenido la oportunidad de trabajar con algunos de los mejores. Y aprendí mucho de ellos. El hermano de Zico, Edu Coimbra, es una gran referencia para mí. Me llevó al primer equipo del America cuando yo tenía 18 años.  Años más tarde, también fue responsable por mi traspaso al Kashima Antlers en Japón.

Jugué además para Tele Santana, Carlos Alberto Parreira, Zagallo, Beckenbauer y Trapattoni, entre otros grandes entrenadores. Como decía, no podía imaginar que un día yo sería un entrenador, pero inconscientemente estaba absorbiendo sus estilos. Tengo algo de cada uno de ellos en mi filosofía como técnico.

Por ejemplo, intenté replicar la claridad de Beckenbauer al exponer sus ideas. ¡Qué hombre tan inteligente y tan sencillo!

De Parreira aprendí la importancia de estudiar su juego. También entendí que mi propia experiencia como jugador no sería suficiente para ser un buen entrenador. Edu Coimbra era un gran líder, así que en mi trabajo intento manejar la plantilla como lo hacía el.

Aún preparo algunas sesiones de entrenamiento basándome en las que tuve con esos técnicos. Es un privilegio haber tenido esa experiencia y quiero sacarle el máximo provecho.

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No obstante, es mucho más fácil y placentero ser un jugador que un entrenador. Eso es seguro. Desde el momento en que pasas del campo al banquillo, entiendes las diferencias. Para el entrenador siempre hay una cosa más de qué preocuparse.

Cuando se trata de la realidad del juego en Brasil, las cosas se ponen aún más complicadas. Desafortunadamente, Brasil tiene la cultura del inmediatismo. No se puede planificar a largo plazo. Si pierdes tres partidos seguidos, no hay futuro.

Así me ocurrió el año pasado. Vasco da Gama (arriba) decidió despedirme apenas 10 partidos después de asumir el puesto. Estamos hablando de un club con el que tengo una gran conexión. Gané la liga brasileña cuando jugué para ellos. Como entrenador llevé al Vasco al título del campeonato Carioca en 2016. En esa misma temporada, ascendimos a la Serie A en la Liga Nacional. Pero pocos días después de asegurarme el ascenso, me dijeron que no seguiría en la próxima temporada.

“En el fútbol no hay milagros. Hay convicción y trabajo duro. Los resultados positivos llegan como consecuencia de eso”

Haciendo una comparación, no estoy seguro que un club brasileño le hubiese permitido a Jurgen Klopp desarrollar el brillante trabajo que ha hecho en el Liverpool. Probablemente hubiese perdido el empleo después de pasar dos años sin ganar la liga.

Klopp, un caballero y un entrenador fantástico, tuvo el apoyo para demostrar sus cualidades. En mi carrera como entrenador aún no he podido tener dos temporadas completas en el mismo puesto. Espero que eso me pase pronto.

Tendré entonces suficiente tiempo para desarrollar mi propia filosofía. Porque en el fútbol no hay milagros. Hay convicción y trabajo duro. Los resultados positivos llegan como consecuencia de eso.

Como me pasó en la semifinal contra Suecia en 1994 cuando el cabezazo de Romario nos puso en la final.

Fue el último gol de Brasil en el torneo. El centro para Baixinho salió de mi pie derecho. Siempre fui un experto en centros, pero en ese partido era el noveno que conectaba y el único que puse bien.

La persistencia es crucial en el fútbol.

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También creer en tus posibilidades. Ese 1994 estaba jugando con el Bayern de Múnich. Antes de viajar a Estados Unidos para el Mundial me compré una pequeña cámara de video en Alemania. Fui el primero en filmar algunas de las conversaciones de nuestro equipo en el vestuario. Algunos compañeros de equipo se rieron de mí. Sin embargo, les dije que esperara hasta que ganáramos el trofeo. Les dije que me pedirían las cintas. Y obviamente lo hicieron.

Hace poco estuve viendo algunas de esas imágenes con mi esposa. Es tan bueno recordar como el dúo Parreira-Zagallo (arriba) trabajaba perfectamente para la Seleçao. Parreira era el maestro táctico, Zagallo el motivador. Siempre decía la palabra precisa en el momento correcto.

En 2010 tuve la oportunidad de ir a otro Mundial, esta vez como entrenador asistente de Dunga. Intenté ser “su Zagallo”. Dunga y yo teníamos una gran asociación. Es una pena que no pudimos llegar hasta el final.

Espero que no sea mi último Mundial. Conozco la Seleçao muy bien. Tuve el privilegio de jugar dos Mundiales, 1990 y 1994. Luego fui entrenador asistente en 2010. Quiero ser el entrenador de la Seleçao en algún momento. Esa es mi ambición.

También trabajar en Europa. Participar en la Champions League sería increíble, especialmente con un equipo alemán. Gustosamente aceptaría una oferta de un club de segunda división en Alemania, Austria, Suiza…

Sigo mirando hacia el futuro.

Aún tengo muchos sueños en el fútbol. En esa parte tan importante de mí.

Jorginho

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