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Bora Milutinovic

Mundiales: 1986 (México), 1990 (Costa Rica), 1994 (EE.UU.), 1998 (Nigeria), 2002 (China)

No sé si soy un trotamundos o no.

Pero sí es cierto que los serbios somos nómadas por naturaleza.

Es bueno viajar y conocer el mundo. Vivir una vida llena de aventuras.

Aventuras que, en mi caso, por suerte, han sido exitosas. Me he sentido muy feliz en todos los países por los que he pasado a lo largo de mi vida. En todos he podido dejar algo. Eso es fundamental para mí.

La de entrenador es una profesión que disfruto mucho más que la de jugador. No obstante, realmente nunca tomé la decisión en firme de sentarme en un banquillo. No hubo nada planeado con antelación. Simplemente ocurrió.

Yo estaba en México, jugando con Pumas en 1977, donde terminé mi carrera como futbolista. Después de retirarme ejercía como ayudante en el equipo.

Pumas había ganado la Liga, pero el año siguiente el club decidió cambiar al entrenador. En ese período me llamaron desde la directiva.

“Bora, ¿nos ayudas mientras encontramos un entrenador?”, me preguntaron.

Pero esa situación que iba a ser temporal acabó durando siete años.

Siete años en los que no necesité firmar ningún contrato. Tampoco tuve ningún agente a mi lado para hablar con el club. Nos habíamos dado la palabra y eso era suficiente.

Con Pumas lo ganamos todo. El campeonato de México, la Copa de Campeones de la CONCACAF y la Copa Interamericana.

Stephen Dunn /Allsport

Después de Pumas llegó la oportunidad para dirigir la selección de México, en lo que fue el primero de mis cinco Mundiales.

Son muchos los momentos felices en cada campeonato, pero me quedó con una cosa por encima de todo: mis equipos. El grupo de jugadores que he podido dirigir en cada momento.

En México ’86 tuve la satisfacción de contar para la selección con hasta ocho jugadores que comenzaron a ser profesionales conmigo en Pumas: Manuel Negrete, Hugo Sánchez, Luis Flores, Miguel España, Raúl Servín, Rafael Amador y Félix Cruz. Además de Olaf Heredia, quien también jugó algunos minutos en el campeonato.

Más allá de llegar a los cuartos de final la mayor alegría fue que tantos jugadores debutaran en la selección mexicana.

“En el Mundial de México fui tremendamente feliz por partida doble”

Un campeonato durante el que nació mi hija. Fue en mitad del Mundial. Nos jugábamos ante Irak la clasificación para la siguiente fase. El parto iba a ser por cesárea y el propio doctor me dijo de adelantarlo: “Señor Milutinovic, con todo este gran ambiente alrededor del fútbol, mejor hacerlo un día antes porque todo el mundo va a estar atento al encuentro”.

Decidimos que era mejor no esperar al partido. Así llegó Darinka.

Todo el mundo que haya sido padre conoce esas sensaciones.

Al día siguiente, además, el equipo ganó, alcanzando un resultado histórico para México. El país vivía en una gran euforia. No se hablaba de otra cosa que no fuera fútbol. Yo era tremendamente feliz por partida doble.

Michael King/Getty Images

Con Costa Rica diría que fue extraño.

¿Por qué?

Llegué a la selección solo 70 días antes del Mundial.

A pesar de ese poco tiempo, hice los cambios que consideraba adecuados. El equipo logró lo que nadie esperaba: clasificarse en un grupo con potencias como Brasil, Rusia y Suecia. Fue un Mundial memorable para los “Ticos”.

Profundizando en este aspecto, esto demuestra que en el fútbol no es tan importante el tiempo, sino lo que se hace en él. En la fase de clasificación para el Mundial no jugamos ningún partido amistoso con el equipo titular. Consideraba que era la mejor forma de preparar a todos los jugadores.

En ese grupo tenía futbolistas muy responsables, de gran personalidad y tácticamente muy buenos. No había dudas entre ellos sobre lo que se estaba haciendo.

Y mucho menos después de ganar a Escocia en el primer partido de Italia ’90.

Recuerdo que antes de ese partido, en camino al estadio, todo el mundo nos saludaba con la mano, con los cinco dedos. La señal con la que decían que nos iba a meter cinco goles.

Ganamos el partido por nuestra personalidad.

Derrotamos también a Suecia en una “final” (tercer partido de la fase de grupos) para pasar a la siguiente ronda. Viéndolo desde fuera, podría sorprender ese resultado de Costa Rica, pero no cuando veías que los muchachos tenían plena confianza en sus posibilidades.

En octavos de final perdimos contra Checoslovaquia por 4-1. No fue nuestro peor partido, pero desgraciadamente tuvimos que hacer algunos cambios en el equipo que no dieron resultado.  A pesar de eso, nos fuimos de Italia con la satisfacción del buen trabajo que hicimos.

Costa Rica fue el primer equipo que logró ganar un partido en un Mundial en su debut. También fue el primer debutante en clasificarse para la siguiente fase. Desde entonces, el fútbol de Costa Rica ha ido hacia adelante.

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En 1991 llegué a Estados Unidos. Esta vez era una experiencia distinta, porque lo hacía mucho tiempo antes de comenzar el campeonato del mundo.

La Federación tenía la intención de fichar a Franz Beckenbauer –buen amigo- como seleccionador. Sin embargo, Franz (arriba a la derecha junto a Giovanni Trapattoni) venía de ser campeón del mundo con Alemania y tenía otras intenciones en su carrera. Dijo que no, pero recomendó mi fichaje a Henry Kissinger (Secretario de Estado de los Estados Unidos).

Kissinger era una figura de gran impacto internacional, con un gran interés por el fútbol. Adoraba este deporte. No entró nunca en las decisiones de la selección, pero sí fue muy importante para que el Mundial se pudiera desarrollar en Estados Unidos. Inspiró a la gente a hacer un gran papel.

“Para preparar el Mundial con EE.UU. jugamos un total de 91 partidos amistosos, enfrentándonos a los mejores equipos del mundo”

Yo tenía una gran relación con toda la gente de la selección, en especial con el señor Alan Rothenberg, presidente de la federación de fútbol de los Estados Unidos. Tuvo plena confianza en mí para lograr los resultados que conseguimos, además de establecer las bases del fútbol en el país.

Lo hicimos con un equipo formado en su mayoría por jugadores universitarios. La Selección venía de jugar los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona, donde no consiguieron un gran resultado, pero sí eran futbolistas muy capaces. Las universidades me ayudaron mucho a saber de las capacidades de muchos de ellos.

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Hice también muchos kilómetros en avión para ver jugadores. Y eché mano de la gente que quería colaborar. Había muchos serbios y latinos que me pasaban información sobre nuevos futbolistas en cualquier punto del país.

Para preparar el Mundial jugamos un total de 91 partidos amistosos, enfrentándonos a los mejores equipos del mundo. Ganamos un torneo donde jugaban Italia, Portugal e Irlanda.

También la Copa de Oro en 1991, equilibrando así las fuerzas con México, hasta entonces el gran dominador de la zona.

Para todos fue emocionante escuchar el himno de Estados Unidos en el primer partido del Mundial. Parecía imposible, pero el país estaba volcado con el fútbol.

Y logramos clasificarnos a la segunda ronda ganando a Colombia, que era uno de los favoritos al título.

Desgraciadamente perdimos en octavos contra Brasil (a la postre campeona del mundo) jugando un buen partido, pero nos eliminaron con el gol de Bebeto.

Son cosas que ocurren en el fútbol, aunque fue un éxito lo que habíamos conseguido. La gente acabó muy satisfecha del trabajo realizado. Y lo más importante: pusimos las bases para desarrollar una liga en Estados Unidos. El principio de lo que hoy es una gran competición como la MLS.

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Después de esa experiencia regresé a México, participando en los Juegos Olímpicos y en la fase de clasificación para el Mundial. Nos metimos en el Mundial sin recibir ningún gol en ocho encuentros. Fue otro reto sensacional poder contar con jugadores tan jóvenes. Entre ellos debutó Rafa Márquez con la selección absoluta en 1997. Sin embargo, ese Mundial lo acabé jugando con Nigeria.

Otra selección donde me encontré con una gran generación de jugadores. También llegamos hasta octavos después de ganar a España en el primer partido. Una selección que estaba en el grupo de favoritas.

Mi último Mundial fue con China en 2002. Logramos una histórica clasificación  con doce victorias y solo un empate.

Después, desgraciadamente ya en el campeonato no pudimos alcanzar los resultados esperados.

“Al margen de los Mundiales, Irak ha sido la mejor experiencia de mi vida”

No fue porque acusáramos la presión de estar por primera vez en un Mundial para China. Mi equipo no sentía eso; éramos un grupo con una fuerte personalidad.

Sin embargo, sí tuvimos problemas con varios jugadores importantes lesionados. No me gusta hablar de excusas, ni las pretendo encontrar, pero no teníamos el equipo al completo. No se nos podía exigir más. Es difícil alcanzar el resultado esperado, si no tienes el plantel al completo.

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Al margen de los Mundiales, Irak ha sido la mejor experiencia de mi vida. Cuando fui nombrado seleccionador viajé al país, todavía con las secuelas de la guerra, acompañado de un periodista, David Ruiz. Estuve allí siete días.

Puede dar miedo moverse en un escenario así, pero yo no lo sentía. ¿Cómo lo hacía? Simplemente no pensaba en los problemas. Pensaba en las cosas buenas, como conocer a la gente y costumbres del país.

Ese viaje fue en la preparación para la Copa Confederaciones (2009). Un campeonato en el que jugamos contra España, que venía de ganar la Eurocopa de 2008 y estaba en camino de ganar el Mundial de 2010.

Perdimos 1-0, pero acabé muy satisfecho con el rendimiento del equipo en ese partido. Todo lo que demostraron los jugadores fue espectacular. Estaba feliz.

También la gente. Es una gran alegría que recuerden ese equipo, aunque solo estuve 20 días en la selección.

Como decía al principio, eso es lo más importante.

Dejar algo de mí en cada sitio.

Bora Milutinovic

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