David Ramos/Getty Images

Diego Pablo Simeone

Atlético de Madrid, 2011-Presente

El Perfil:

Competitividad. Puede que esta sea la palabra que mejor defina a Diego Pablo Simeone. Un entrenador que transmite mucha energía, tanto en los entrenamientos como en los partidos, con una idea principal en la gestión del grupo: el colectivo por encima de las individualidades.

Todo jugador del Atlético de Madrid debe interiorizar desde el primer día que “el esfuerzo no se negocia”, sino que se convierte en un hábito. Se compite “partido a partido”, porque un entrenador se mueve en un entorno muy cambiante y de constante incertidumbre.

Es lo que ha ocurrido esta temporada 2019/2020 en el cuadro rojiblanco, con una profunda renovación en la plantilla (hasta siete contrataciones) después de las salida de varios jugadores que protagonizaron las grandes hazañas del Atlético en los últimos años. Diego Godín, Juanfran, Filie Luís, Lucas Hernández o Antoinne Griezmann, entre otros.

Sumado a eso, Simeone entiende el fútbol como “un juego en el que no gana el que mejor juega, sino el que está más seguro de lo que hace. Si tienes muchos más jugadores seguros de lo que tienen que hacer, vas a ganar más partidos que si tienes muchos futbolistas que jueguen bien”. Así ha sido desde su llegada al club en diciembre de 2011.

Una hoja de ruta que le ha llevado a conquistar siete títulos, destacándose el triunfo en la Liga 2013/14 y las dos Europa League (2012 y 2018), además de la disputa de dos finales de Champions League (2014 y 2016). Esta temporada, y a la espera de saber si se reanuda la máxima competición europea de clubes, el Atlético ya está en los cuartos de final después de apear al Liverpool, vigente campeón, en los octavos de final.

Análisis táctico:

El Atlético de Madrid se organiza en un 4-4-2 (abajo) como estructura base, donde el rol de los futbolistas es lo que genera variabilidad, tanto en fase ofensiva como defensiva. Este dibujo, por el que opta Simeone, es una de las estructuras que quizás menos especificidad requiere por parte de los futbolistas, pero sí presenta una ocupación de espacios muy proporcionado.

Es un equipo que se siente más cómodo dominando los partidos a través de los espacios que sometiendo al rival con posesiones largas. Asimismo, prioriza organizarse en relación a las distancias con su propia portería y óptimas con el rival, y no tanto a través del balón. Su estructura no es especialmente flexible en los ciclos del juego, lo que le hace un equipo perfectamente reconocible en las diferentes fases del juego, pero no sencillo de superar en el marcador.

Fase ofensiva:

En la salida de balón el equipo no asume muchos riesgos, tomando así en consideración una máxima reconocida por Simeone. En ciertas zonas del campo, cercanas a tu propia portería, la probabilidad de cometer un error y su posterior penalización es mucho mayor que el beneficio que obtienes. De este modo, las ventajas prefiere encontrarlas en zonas más avanzadas, donde el peligro se reduce al estar lejos de la portería que defiende.

Así, Jan Oblak habitualmente juega directo sobre zonas exteriores, conectando con los laterales, que se posicionan altos, no siendo habitual que se produzca una secuencia de pases desde la portería con los centrales.

También hay una variante en juego directo que en muchas ocasiones acaba convirtiéndose en un patrón desarrollado de manera regular. Ante una presión alta del rival, y con las líneas de pase tapadas sobre centrales o laterales, el Atlético introduce el mecanismo del pase directo desde el portero hacia Saúl Ñíguez (abajo). En esta acción, el centrocampista rojiblanco se desplaza hacia el perfil izquierdo, superando la línea de mediocampo para la disputa del balón aéreo en emparejamiento con el lateral rival.

Otra alternativa en juego directo es buscar a los delanteros (Álvaro Morata, Joao Félix o Ángel Correa), no tanto con la intención de que disputen el balón, como sí de organizar al equipo para ganar el segundo balón en el medio campo.

Logrado ese objetivo, el equipo intenta entonces ejercer una circulación de balón con un ritmo alto de un lado a otro. Para ello es importante la amplitud manifestada por los laterales, que se sitúan muy arriba, por delante incluso de los medios avanzados o de Correa, cuando el internacional argentino interviene en espacios intermedios.

Esa amplitud viene habilitada por la ocupación de espacios intermedios de jugadores que se posicionan entre centrales y laterales del rival, y a espaldas de los medios. Si el equipo consigue encontrar al hombre libre (Joao Félix, Koke o Correa) y enlazar el pase, en la gran mayoría de los casos ese jugador que recibe tendrá espacio y tiempo para girarse y buscar la profundidad en el siguiente encadenamiento de acciones ofensivas.

En esa misma secuencia, y mediante ajustes de los interiores, se activan pasillos exteriores para adquirir profundidad, donde los jugadores cercanos al balón (Koke, Correa o Héctor Herrera) fijan por dentro y los alejados (Saúl y Kieran Trippier) atacan los espacios por fuera.

Si el ataque posicional no tiene éxito, porque el rival cierra espacios e impide asociaciones que permitan profundizar, una alternativa que el Atlético tiene bien trabajada es la amenaza constante de las espaldas rivales, con atacantes corriendo al espacio. Esto exige a las líneas defensivas rivales a tener que ajustarse permanentemente y perder distancias óptimas entre sus jugadores, pasando a tener comportamientos más vulnerables.

El jugador que mejor entiende esos desmarques de ruptura -por características y aptitud ofensiva- es Correa (abajo), quien siempre está preparado, perfilado y mentalizado para trazar diagonales. Principalmente desde el lado débil del rival, de exterior a interior, obligando a los laterales a defender sobre su perfil no dominante y a los centrales a desprotegerse.

Esa secuencia, de carrera al espacio, debe ir acompañada de un buen timing entre el emisor del pase (jugadores de buen pie como por ejemplo Saúl, Thomas Partey o Thomas Lemar) y el receptor, quien debe interpretar el momento adecuado para iniciar el movimiento.

Fase defensiva:

En función del rival o de las demandas propias del juego, el Atlético puede elegir por diferentes opciones para defenderse. Así, puede pasar de un bloque alto a un bloque medio con el paso de los minutos y ajustarse también en bloque bajo, cerca de su portería, si necesita mantener una ventaja en el marcador.

En la presión alta sobre el rival, siempre desde el 4-4-2, los dos delanteros inician la presión sobre los centrales. Inmediatamente después se activan las siguientes líneas para robar el balón (abajo): la compuesta por los medios avanzados (con gran recorrido y capacidad de cubrir espacios grandes en horizontal y vertical) y la defensiva. Esta última, sincronizada cerca de la línea del mediocampo con la intención de reducir espacios de intervención del rival entre líneas y evitar así continuidad en su juego.

Otra variante a esa presión alta es estructurar la fase defensiva en dos bloques distintos. Uno avanzado (los dos delanteros y los medios ofensivos y posicionales) y un segundo (la línea defensiva más la ayuda de Saúl) donde la intención es tratar siempre de buscar la superioridad numérica en defensa.

Mutabilidad y defensa de los centros laterales:

Debido a las características de los futbolistas del Atlético, sus jugadores son capaces de mutar roles y posiciones en tareas defensivas. Es el caso de Koke, quien puede participar dando apoyo a distintos compañeros. El jugador rojiblanco realiza un movimiento pendular, teniendo interiorizado que, si actúa de interior derecho y su compañero lateral persigue la marca del extremo rival, tiene que permanecer y perseguir al lateral que se incorpora por fuera.

También Saúl, quien ha jugado en varias ocasiones de lateral izquierdo. Este aspecto condiciona la forma de presionar del Atlético, como también la forma de iniciar el juego desde atrás, donde la capacidad de conducir el balón y pasar con ventaja son características naturales que posee el centrocampista rojiblanco.

Un aspecto sobresaliente del Atlético es su capacidad para defender los centros laterales. Y lo consigue, en gran parte, debido al alto nivel de concentración de los futbolistas que intervienen en esas jugadas.

Puede que el cuadro dirigido por Simeone sea uno de los equipos que más centros laterales sufre cada partido, algo propiciado también por su propia estructura defensiva, con un bloque interior fuerte que obliga a los rivales a jugar por los espacios exteriores. En los centros laterales, los jugadores del Atlético reducen ese reajuste inicial con centrales y medios bien orientados para defender espacios y balones dentro del área (abajo).

En conclusión, a pesar de los numerosos cambios de esta temporada, el Atlético sigue siendo muy sólido en todos los registros del juego, con futbolistas muy solidarios en sus esfuerzos y muy identificados con la propuesta del equipo. Tienen el convencimiento profundo, de que, compitiendo de esa forma, estarán más cerca de los objetivos.

Diego Pablo Simeone

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