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Juanma Lillo

Asistente técnico Manchester City, 2020-Presente

El Perfil:

Juanma Lillo considera que la dificultad de entrenar reside en que el entrenador está creando un proceso, al mismo tiempo que tiene que competir. No busca motivar a sus futbolistas, porque entiende que la motivación es y debe de ser endógena (de dentro a fuera) y no exógena (de fuera a dentro). La función como entrenador es potenciar las capacidades de sus futbolistas, desde lo individual hacia lo colectivo.

Su carrera lo llevó desde las categorías semiprofesionales (Tercera División y 2 División B en sus inicios) a la élite, convirtiéndose a los 29 años en el entrenador más joven en la historia de La Liga, estando a cargo del Salamanca, club al que promocionó desde Segunda División. En España ha entrenado también a la Real Sociedad y el Almería.

Lillo añade además varias experiencias fuera de su país. En México, en el Dorados de Sinaloa, donde tuvo la oportunidad de entrenar y ser mentor de Pep Guardiola, con quien actualmente trabaja como asistente técnico en el Manchester City. También en Colombia, con Millonarios y Atlético Nacional, y a los mandos de Vissel Kobe en Japón y Qingdao Huanghai en China.

Análisis táctico:

Lillo, como el resto de técnicos, ha ido evolucionando en su forma de entrenar y plantear los partidos, pero su manera de entender el juego permanece igual.

En la Real Sociedad proponía mucho jugar por dentro, acumulando gran número de futbolistas en la zona ancha del campo, basándose en una estructura 4-5-1 con la intención de controlar el partido a través del dominio del balón. En el Almería, sin embargo, comenzó a introducir más variantes, con estructuras en 4-2-3-1 y 4-3-3. Incluso en 3-5-2 o 5-3-2 contra equipos que sabía que le iban a exigir especialmente en la fase defensiva, como el Real Madrid y Barcelona.

En su etapa en Colombia con Millonarios y Atlético Nacional, teniendo en cuenta que era una liga diferente, un contexto distinto al europeo y con jugadores de otras características, se adaptó a las capacidades de sus futbolistas. Trató de competir desde un 4-4-2, alternando situaciones de doble pivote con otras situaciones de 4 jugadores en medio en disposición de rombo. En Japón y China, mientras, la naturaleza de su juego se basó en un 4-2-3-1 (abajo), con variantes de 4-3-3 e incluso de 4-4-2.

Es un convencido de que cuanto más tiempo tengas el balón en campo contrario y cerca de la portería rival, más cerca estará el equipo de alcanzar la victoria. De este modo, la posibilidad de ganar se relaciona más en base a lo que generan los jugadores, por encima del juego e incluso de las ideas del propio entrenador.

Lillo, por otro lado, cree mucho en el proceso de entrenamiento, lo que requiere y necesita de tiempo. Porque cada sistema es diferente, con un alto grado de gran complejidad, a la que el entrenador le intenta proporcionar un orden. Por lo tanto, al fútbol se entrena jugando, y lo que le da sentido a todo es la táctica.

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Fase ofensiva:

Sus equipos tienen argumentos globales, sin reducciones. En su etapa en Millonarios presentó diferentes estructuras a través de las cuales intentaba ser competitivo, pero quizás el dibujo más habitual fue el 4-4-2 en rombo. Todo siempre marcado por las características de los futbolistas que tuvo en la plantilla.

En la salida de balón (abajo), si el equipo contrario no le presionaba alto, sus centrales (Andrés Cadavid y Román Torres) conducían el balón hasta zonas próximas a la primera línea de presión rival.

Esa acción del juego es muy característica, porque dicho movimiento permite fijar al rival que presiona y como consecuencia va a permitir a uno de los centrales en posesión del balón, encontrar al hombre libre. Esta intencionalidad en Millonarios se manifestaba con el pase sobre el jugador libre, el mediocentro, con espacio y tiempo para que se pudiera girar y tener claridad para elegir bien el siguiente espacio y el jugador con quien asociarse.

Pero para encontrar con relativa facilidad a ese mediocentro, que ayudara a conectar las líneas y el juego, Lillo exigía a los jugadores que jugaban por dentro que se posicionaran a espaldas de los futbolistas que presionan por delante.

En Vissel Kobe, Lillo pudo contar con la participación de un jugador realmente diferencial, Andrés Iniesta, quizás el mejor futbolista al que haya entrenado, junto a Pep Guardiola en su etapa de México con Dorados de Sinaloa. Iniesta ejemplifica a la perfección lo que significa el juego de posición: estar bien perfilado, orientado, con la intención de generar continuidades en el juego y permitir estar conectado en todo momento. La idea era que los interiores, como Iniesta, se situaran lateralizados, en un espacio intermedio, entre la línea de presión inicial del rival y la siguiente línea de presión en zona ancha (abajo).

Pero ese posicionamiento no venía posibilitado únicamente por el movimiento de Iniesta o el medio centro, Hirotaka Mita, sino que era necesaria la colaboración del resto de compañeros de la misma línea y de las otras, conectando entre sí todas las unidades del equipo.

Los jugadores alejados (Naoyuki Fujita y Masahiko Inoha) eran fundamentales para fijar a sus pares y evitar que sus marcadores saltaran a la presión del jugador en posesión de balón, Leo Osaki, o el receptor cercano, Iniesta.

La idea de los equipos de Lillo es atacar a través del pase, lo que demanda que sus jugadores estén juntos mediante secuencias largas de combinación, lo que permite generar estabilidad en el juego.

Una vez que su equipo ha conseguido superar las líneas de presión iniciales del rival, y se encuentra en un espacio de juego más avanzado, los jugadores tienen menos tiempo y menos espacio para decidir.

Por eso, Lillo busca mezclar perfiles de jugadores, para provocar diferentes movimientos. Unos amenazan los espacios, como los extremos o laterales, y otros acumulan pases en zonas interiores.

En Millonarios, esos jugadores exteriores, Leudo y Álex Díaz (abajo), permitían jugar en amplitud, y como consecuencia de ello aparecían espacios interiores que los jugadores con buen pie aprovechaban para asociarse y progresar mediante acciones individuales o colectivas.

Fase defensiva:

Una de las máximas de los equipos de Lillo es atacar juntos, porque eso va a permitirles defender juntos tras la pérdida, con la intención de volver a poseer el balón tan pronto como sea posible para atacar de nuevo. La idea es generar ciclos de juego largos, con la intención de atacar más tiempo que defender, pero el equipo debe estar preparado también para afrontar la fase defensiva.

En situaciones de pérdida de balón tras ataque posicional en campo contrario, sus equipos defienden hacia delante, presionando inmediatamente. Esa presión rápida e intensa se produce de forma organizada, activando a todos sus futbolistas situados a distintas alturas y distancias. Cada uno de ellos tendrá asignada una responsabilidad.

En la foto de abajo en Millonarios se muestra a los delanteros Omar Vásquez y Jonathan Agudelo presionar al poseedor del balón, en esfuerzos de muy alta intensidad. Al mismo tiempo, los jugadores cercanos comienzan la acción de presionar y saltan sobre los posibles receptores cercanos.

Mientras, los futbolistas lejanos al balón ajustan distancias con Díaz y Fabián Vargas favoreciendo un equipo corto, capaz de reducir espacios en todo el terreno de juego y, en caso de recuperar el balón, tener la posibilidad de disponer un equipo estructurado, buscando estabilidad para volver a tener la posesión del balón con orden y fluidez. Bien sea para generar líneas de pase o para progresar en el juego. También, por el contrario, para ordenarse y asegurarse la tenencia del balón, a la espera del momento adecuado para atacar los espacios que el rival pudiera dejar.

Otro contexto que se manifiesta en los equipos de Lillo lo representan las situaciones en las que el equipo no es capaz de recuperar rápidamente tras pérdida. En este caso, el entrenador exige a sus futbolistas que protejan el carril central (abajo) porque es el más próximo a la portería propia.

Si tienen que replegarse en defensa deben priorizar la reducción de los espacios en los pasillos centrales porque además es donde más acumulación de jugadores dispone el técnico debido a su modelo de ataque.

Rol como asistente técnico:

De su admiración por el juego de posición nace la posibilidad de juntarse con Jorge Sampaoli, un entrenador con amplio conocimiento sobre estos conceptos e ideas. Primero fue con la selección de Chile (2015-2016) y posteriormente en el Sevilla (2016-2017). Entre ambos intentaron cambiar la propuesta de juego del Sevilla en un margen relativamente corto de tiempo, pero no pudieron concretar la idea a su máxima expresión. Mediante el diseño de tareas de entrenamiento, Sampaoli buscaba en Lillo un asistente que ayudara a implementar la idea en su equipo.

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Al igual que en su momento Guardiola -en los últimos pasos como jugador- fue a buscar a Lillo para aprender de él, el entrenador del City tenía claro desde ese instante que llegarían a juntarse en un banquillo para poder crecer juntos. Ahora ha surgido esa oportunidad en el Manchester City, donde con Lillo, no tanto a través del proceso de entrenamiento, sino más a través de la reflexión, van a poder desarrollar una idea más completa de lo que significa el juego que propuso Johan Cruyff, del que ambos son profundos admiradores.

Juanma Lillo

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