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Xavi Hernández

Al Sadd, 2019-Presente

El Perfil:

Xavi Hernández representaba la imagen del Barcelona, del perfil adecuado del futbolista que siempre se ha buscado en el club. Después de una larga trayectoria en el Camp Nou (1998-2015) se fue a jugar a Qatar, donde tan solo cuatro meses después de retirarse como futbolista, inició en el mismo club, el Al Sadd, su carrera como entrenador.

Esa transición, como ocurre en todos los técnicos, generó cambios en sus hábitos, pasando de preocuparse única y exclusivamente de estar en buenas condiciones emocionales y físicas como futbolista, a tener un grupo de 25 jugadores bajo su responsabilidad. Sin embargo, partía con la ventaja de conocer ampliamente a la plantilla, porque anteriormente había compartido vestuario con ellos como jugador. Eso le permitió desde el primer día tener un entendimiento con sus jugadores muy positivo, además de una gran confianza para la toma de decisiones y minimizar los errores

Xavi ha tenido referentes en los que aún se apoya, como Joan Vila, su mentor y ex director de Metodología del Barcelona. “Sabe más del ‘cruyffismo’ que el propio Johan Cruyff”,  ha dicho.  “Un estudioso que nos inculcó una nueva manera de entender el juego”.

También aprendió cosas de Luis Aragonés, muy cercano al futbolista, Louis Van Gaal, a quien define como un entrenador avanzado a su época, pero quizás el entrenador que más le ha marcado ha sido Pep Guardiola (abajo), por identidad del juego. “Pep nos mejoró a todos. Él te enseña el porqué de las cosas, transmite muchísimo. Además, su manera de entender el juego es la del Barcelona. Ha sido la persona más influyente del fútbol mundial en los últimos años”.

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Análisis táctico:

Su creencia en el fútbol ofensivo viene reforzada en la idea de que cuanto más tienes el balón, más cerca de la victoria te encuentras. Siempre respetando otras propuestas de juego y entendiendo que, durante los partidos, es necesario que los equipos se adapten a las circunstancias y sepan ser competitivos en un contexto diferente, como los momentos sin balón.

Así, el Al Sadd habitualmente se dispone en un 4-3-3 (abajo), convirtiéndose en momentos en 4-2-3-1 en fase defensiva, siempre condicionado por la disposición del rival en la ocupación de espacios.

Si el oponente presiona con dos delanteros, mantiene el 4-3-3, considerando que es suficiente tener los apoyos de tres medios, facilitando las conexiones con centrales y laterales. Por el contrario, si el rival se posiciona con un delantero únicamente, pasa a tener una estructura de dos pivotes, garantizando siempre un jugador más a la espalda del jugador que presiona.

En zona de inicio desde portería (abajo), el equipo se coloca con dos centrales abiertos -perfilados lateralmente- para favorecer el juego hacia delante, y los dos laterales situados en altura, incluso más arriba que los mediocentros.

El portero, primer pasador, no tiene la función de solventar dificultades, sino que es el jugador que inicialmente intenta generar dudas al rival. De este modo, es quien marca el timing de la secuencia de pases, esperando a que uno de los delanteros rivales salte a la presión para, en ese momento, deslizar el balón al jugador libre más cercano, generalmente al central opuesto.

Para conseguir ventajas en las siguientes líneas y poder progresar, se hace necesaria la participación de los dos medios -Gabi y Tae-heui Nam- con quienes el guardameta trata de conectar si el lateral no tiene la línea de pase abierta. Ese pase intermedio es el que habilita a los laterales -Abdelkarim Hassan o Pedro Miguel- a recibir con espacio y tiempo en el carril exterior.

Ante la posibilidad de que en el inicio de juego el portero, los centrales o medios estén marcados, se activa otro mecanismo para generar hombres libres a través de conducciones del poseedor del balón.  Una función ejecutada por Boualem Khoukhi (abajo) en sentido vertical para atraer rivales y poder liberar con pases a compañeros en zonas más avanzadas.

Cabe destacar la vital importancia que cobra el medio centro, Gabi, en su responsabilidad de mantener el balance ofensivo y defensivo del equipo. Es el primero generalmente en recibir el balón de centrales o laterales y también quien marca el ritmo de juego.

En los patrones ofensivos hay otro jugador que marca las diferencias y sale de la estructura colectiva del juego posicional: Akram Afif. Con experiencia en Europa (Villarreal y Sporting de Gijón) es el elemento diferenciador en situaciones de igualdad numérica, y por sus cualidades individuales supera a sus marcadores (abajo), ofreciendo buenas asistencias a los delanteros o incluso pudiendo finalizar la jugada por sí mismo.

Otro recurso que maneja el equipo es la posibilidad de hacer una circulación de balón rápida y larga, para provocar basculaciones en el rival y liberar el sector opuesto a través de cambios de orientación de lateral a lateral.

Sin embargo, si el equipo no tiene posibilidad de asociarse en corto, la alternativa se limita a jugar directo sobre el delantero, Baghdad Bounedajh. Éste puede ganar el duelo -previamente fijando centrales- o puede facilitar la recogida del segundo balón por parte de los medios avanzados, que se posicionan para, tras recuperar, distribuirse en el espacio y organizar un ataque posicional con más control.

Asimismo, la capacidad de atraer defensores por parte de Bounedjah provocando movilización de los centrales rivales permite aprovechar espacios para incorporaciones de jugadores de segunda línea como Nam.

Atacar condiciona los comportamientos defensivos, y Xavi demanda a su equipo que avancen juntos para defender juntos. El juego posicional que desarrolla el Al Sadd le permite activarse rápido tras pérdida y poder recuperar, porque el equipo se organiza en una sola unidad.

La dinámica defensiva que propone Xavi pasa por distintos momentos. Una presión alta inicialmente para recuperar cerca de portería contraria y poder optar a finalizar rápido, y una segunda fase que se construye cuando el equipo no es capaz de recuperar en zonas avanzadas.

La presión alta es el primer comportamiento que se manifiesta. La fase en la que el equipo no tiene el balón comienza con los movimientos de presión hacia delante de la línea más avanzada (abajo). Son los primeros en orientar la presión, situándose en distancias intermedias para dificultar los pases horizontales entre centrales o las salidas por fuera con los laterales. En el momento en el que el balón llega a carriles exteriores, ahí aparecen los jugadores de segunda línea -Nam Tae y Gabi- para provocar pérdidas en el rival.

Si el equipo no recupera en la fase inicial de construcción del juego del oponente y avanza más allá del medio campo, el Al Sadd opta por una estructura 4-1-4-1 (abajo), entendiendo que esa organización le permite distribuir bien el espacio para tapar líneas de pase y no permitir progresar en el juego al rival.

Pero un matiz importante es el concepto de defender de tal forma que el equipo ya esté organizado para atacar tras recuperar, no focalizando todas las energías únicamente en no recibir gol. Xavi exige a sus jugadores estar preparados mental y espacialmente para atacar, estando cerca los jugadores asociativos y los jugadores más verticales preparados para amenazar espacios, e ir ganando las espaldas de cada una de las líneas presionantes.

Rol como entrenador en el Al Sadd:

Xavi es consciente de que está empezando su carrera como entrenador, un proceso en el cual hay que invertir tiempo para conseguir que sus equipos impongan el fútbol con el que se identifica.

De su etapa de jugador puede extraer conclusiones, porque lo vivió en primera persona, y una de ellas podría ser que la construcción de un modelo o idea de juego no depende únicamente de tus pensamientos como técnico, sino en mayor medida de las características de los jugadores de que dispones. Y quizás lo más diferencial, de la capacidad que tiene un entrenador de transmitir su mensaje y la capacidad de convencer de que el camino que les ofreces a los jugadores es el más adecuado para ellos.

Asimismo, Xavi incide mucho en tener charlas individuales para sacar conclusiones que le permitan desarrollar una estrategia en la gestión del grupo y el entrenamiento. También otorga gran importancia al aspecto emocional, considerándolo el elemento diferencial en la élite, marcada por una máxima igualdad en lo técnico-táctico y físico.

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