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Julian Nagelsmann

RB Leipzig, 2018-Presente

El Perfil:

Julian Nagelsmann pertenece al perfil de de entrenadores jóvenes, dinámicos y en una edad muy cercana a los futbolistas a los que dirige. No fue jugador de primer nivel, y sin tener una experiencia previamente en los banquillos, una lesión importante reorientó sus expectativas en relación al fútbol para emprender el camino como técnico.

Comenzó a formarse académicamente en materias variadas que le han proporcionado una perspectiva muy amplia desde el punto de vista de la gestión y el rendimiento. Estudió Administración y Dirección de empresas y Ciencias aplicadas al deporte, generando así un efecto multiplicador en su futuro como entrenador a través de elementos de organización.

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El sello de Rangnick:

Uno de los entrenadores que ha tenido más influencia sobre Nagelsmann es Ralf Rangnick. Quizás el aspecto que más diferencia la visión de Rangnick, en comparación con el resto de directores técnicos, es la profunda convicción que tiene en su idea de juego. En cada club que llega a trabajar, se formula la pregunta de qué estilo de juego quiere implementar.

Una vez definido ese punto principal, se trata de realizar una búsqueda óptima del perfil de futbolista que encaje en la idea de juego. De esta forma acortan los plazos de adaptación del futbolista al club y a la implementación del modelo de juego utilizado.

Desde su función de director deportivo del Red Bull Leipzig, Rangnick transmitió a Nagelsmann la idea de generar adaptaciones para que a corto-medio plazo se conviertan en hábitos instintivos. Una visión reduccionista a la hora de definir su modelo se basaría en el principio de las “tres C”. Capital: Con una buena inversión se puede firmar talento. Concepto: Idea de juego interiorizada. Competencia: Alto nivel técnico de los jugadores para implementar la idea de juego.

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La preparación de los jugadores:

Entrenador innovador y con una clara vocación por las nuevas tecnologías aplicadas al fútbol, no duda en añadir elementos que puedan facilitar el proceso de adquisición y de mecanismos orientados al juego que quiere ver manifestado en sus equipos.

Por eso, es habitual que utilice herramientas de Big Data que sirven de apoyo para tomar decisiones, pero en ningún caso sus decisiones a la hora de afrontar un partido o preparar a su equipo para competir se basan única y exclusivamente en ese aspecto. También contrastará esa información con la propia sensibilidad personal que le generan los comportamientos individuales y colectivos de sus futbolistas en el proceso de entrenamiento.

Incluso en su etapa en el Hoffenheim incorporó una pantalla gigante en las proximidades de los campos de entrenamiento, estratégicamente bien situada para poder realizar correcciones, ya fuera de posicionamientos de los jugadores, por líneas o estructuras de juego en el mismo momento en el que se estaban produciendo. Una herramienta que le evitaba generar pausas muy largas en las tareas de entrenamiento.

De manera global, sus entrenamientos son dinámicos y con un ritmo alto, en los cuales a través de las tareas transmite la información al futbolista creando contextos que posteriormente el jugador se va a encontrar en los partidos. En su ideario de preparación está dar mayor importancia a la gestión del grupo que a los propios conceptos técnico-tácticos.

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Augsburgo y Hoffenheim:

Comenzó a trabajar en el fútbol formativo del Augsburgo, club en el que coincidió con Thomas Tuchel, técnico del primer equipo por entonces. Entrenar en el fútbol base le iba a permitir crear una plataforma de ensayos y errores, a partir de los cuales reflexionar y evolucionar.

Sus ideas, progresión y personalidad, unido a un rendimiento óptimo con sus jugadores en el equipo reserva, le llevó a la posibilidad de sustituir de forma interina a su predecesor en el cargo en una situación de máxima exigencia, con el equipo peleando en los últimos puestos de la clasificación.

Igual tarea que tuvo en su primer año en el Hoffenheim (arriba), salvando al equipo del descenso y logrando la clasificación para la fase previa de la Champions League en la temporada siguiente. En el tercer año dio un salto más, logrando la clasificación directa para esta competición, donde demostró un gran nivel competitivo ante rivales de una dimensión superior.

Su estructura de juego en el Hoffenheim, siempre con variantes, fue el 3-5-2 en fase ofensiva, en ocasiones 3-4-3 y el 5-3-2 en fase defensiva. Inicio de juego con los tres centrales en disposición lineal, sobre todo a través de Kevin Vogt (abajo), lo cual le permitía tener una buena distribución en el espacio para poder tener más líneas de pase y progresar en el juego.

Más adelante, un medio centro, Florian Grillitsch, con capacidad de proteger a los centrales en juego directo, duelos individuales o en acciones de juego activas, realizando también ayudas a cada uno de los jugadores situados en la línea defensiva. En el caso de los laterales, en cobertura a las espaldas o juntándose con centrales para generar una estructura 3+1.

Los jugadores en fase avanzada estaban organizados en un doble pivote -Andrej Kramaric y Kerem Demirbay -en paralelo, con los dos delanteros –Serge Gnabry y Mark Uth- generando una estructura en cuadrado para facilitar avanzar ante al equipo rival en fase defensiva. A eso añadían la capacidad de asociarse para atacar en zonas interiores, o permitir a los delanteros ocupar zonas de remate dentro del área y a los medios avanzados desplegarse para llegar desde segunda línea.

Otra situación que se repetía con asiduidad era la presión tras pérdida, con especial importancia en esa tarea de los jugadores de dentro (abajo). Una vez recuperada la posesión buscaba atacar de forma vertical con la activación de Nico Schulz y Pavel Kaderabek, y su posterior conexión con Gnabry y Uth, anulando así las posibilidades del rival de reorganizarse.

Red Bull Leipzig:

Teniendo en cuenta que el nivel cualitativo de la plantilla es diferente a su etapa en el Augsburgo o el Hoffenheim, sus planteamientos también se modifican ligeramente. La matriz de juego inicial es la formada por un 5-2-3, cuya intención manifiesta es generar ventajas desde la primera secuencia de pases, modificando hacia un 4-4-2, en función de alturas y posicionamiento rival.

Para ello inicia con una circulación de balón rápida en línea defensiva (abajo) con Ibrahima Konate, Willi Orban, Marcel Halstenberg y Lukas Klosterman. El objetivo es atraer al rival para liberar a los jugadores más avanzados -Marcel Sabitzer y Emil Forsberg-, incluso evitando conectar con los medios -Konrad Laimer y Kevin Kampl- para directamente superar las líneas de presión intermedias y ser capaz de llegar al área contraria, donde aparecen los delanteros Timo Werner y Yussuf Poulsen.

Para conseguirlo, adquiere vital importancia la participación indirecta de los delanteros fijando a los centrales oponentes, posibilitando que el tercer atacante realice un desmarque de aproximación -Sabitzer o Forsberg- para enlazar y poder girarse con ventajas. En ese rol asociativo se encuentra mas cómodo Poulsen, con Werner amenazando en los espacios.

En función de las demandas del juego, se puede organizar con distintos dibujos. De este modo en ocasiones también ha desarrollado un sistema 4-2-4, siendo el posicionamiento del balón el que marca los principios a aplicar en la presión para recuperar la posesión.

Si se encuentra en zonas centrales, el equipo únicamente mantiene las distancias, con movimientos de flotación de Laimer y Kampl desde su posición de medios centros. Pero si, por el contrario, el balón se desplaza a uno de los laterales, en ese momento los dos extremos Forsberg y Sabitzer se activan en la presión sobre los laterales, al igual que los dos delanteros. Estos últimos, uno cerrando línea de pase con mediocentro y el otro cerrando el pase de vuelta con el central (abajo).

En el caso de que el equipo no consiga recuperar el balón para atacar en zonas avanzadas, prioriza presionar para no ser superado, con buenas vigilancias defensivas que proporcionen tiempo al resto de compañeros para agruparse. Asimismo, busca evitar las progresiones por pasillos interiores del rival, reduciendo los espacios en las más cercanas a portería propia, con agrupaciones por líneas: Laimer y Kampl por dentro; Klostermann y Halstenberg por fuera.

Una consecuencia de la presión alta que aplica es que obliga al equipo rival a jugar de forma muy directa, generando muchas acciones de segundo balón con disputas aéreas. Un momento del juego que también le obliga a organizarse de una forma determinada para ser ganador de esos duelos de forma directa o indirecta.

Esta situación se produce mucho ante equipos con un nivel técnico inferior, en donde la propuesta de Nagelsmann se basa en un 3-4-3 más abierto en fase ofensiva y un 5-3-2 (abajo) en fase defensiva para adoptar de manera más flexible otros dibujos.

Lo hace de forma directa ganando la disputa y recogiendo segundos balones, y de una forma indirecta con los jugadores bien agrupados en espacios equidistantes. Esto último le permite a sus jugadores llegar a las ayudas en superioridad numérica sobre el rival en cualquier sector de la zona intermedia.

De este modo, ante una pérdida en un duelo individual, tener una buena acumulación y organización en zonas cercanas al balón le permitirá al equipo de Nagelsmann recuperar, y tras un pase de seguridad, poder generar un ataque rápido. Momento para el cual es un equipo mentalmente muy preparado, asumiendo riesgos que le pueden penalizar seriamente.

Sin embargo, el problema lo puede encontrar ante un equipo técnicamente muy bien dotado y que le imprima un ritmo de balón muy alto en fase de inicio. En este caso, y si el timing del RB Leipzig no es el adecuado, pueden verse superados en la presión, desajustando al equipo como consecuencia de que uno de los jugadores presionantes es superado y obligándolo a correr hacia atrás.

No obstante, la mentalidad y confianza del equipo genera el sentimiento de que su energía y coordinación en la presión alta va a conseguir imponerse al alto ritmo de balón que pueda tener el rival. Ante esos contextos, donde inicialmente cree que puede verse superado en la presión inicial, busca que su equipo se proteja detrás de nuevo con una estructura de juego 5-3-2 (abajo).

Otra dificultad que el equipo de Nageslmann se puede encontrar en su fase defensiva viene determinada por el comportamiento del extremo saltando a la presión sobre el lateral rival. Esto puede generar líneas de pase interiores a través de las cuales conecta el central con el medio centro para posteriormente sacar el balón fuera con el extremo.

Por último, una desventaja numérica y espacial que expone al equipo se crea por desajustes a consecuencia de acumular muchos futbolistas en un sector del campo para realizar la presión en detrimento del espacio en el lado opuesto. Aquí, el equipo rival, generando una circulación de balón activa y rápida, podría llevar el balón a ese espacio y ser vertical atacando portería.

En definitiva, y como ocurre en todos los equipos, el Leipzig presenta fortalezas y debilidades, pero la tarea de Nagelsmann es encontrar el equilibrio adecuado que permita a sus equipos ser competitivos, entendiendo que siempre es necesario asumir riesgos en mayor o menor medida controlados.

Julian Nagelsmann

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